Descubre los mitos romanos más populares

La mitología romana es una serie de historias, creencias y rituales tradicionales que los romanos empleaban para describir el origen de la civilización, la cultura, la historia y la religión de su nación. ¡Conozca los Mitos romanos más interesantes!

MITOS ROMANOS

Mitos romanos

Los antiguos romanos nos entregaron su visión del mundo a través de su mitología y aun cuando relatan y describen en ellas muchos eventos sobrenaturales, los antiguos creían que estas historias eran ciertas.

El aspecto religioso de la mitología romana está inspirado en la mitología griega, aspecto que es innegable. A los primeros romanos le agradaban los dioses griegos y adoptaron a la mayoría de ellos, notándose a leguas a pesar del esfuerzo por hacerlos parecer propios, cambiando sus nombres y algunos aspectos de sus historias.

La mitología romana también está influenciada por muchos conceptos e historias de la religión etrusca, aunque esto no está muy bien documentado por los historiadores.

El primer período de este antiguo imperio es una mezcla de historia y mitología, personajes que se consideran legendarios y no hay evidencia definitiva de su existencia real. Es por eso que los mitos romanos son y siempre serán tan importantes para la cultura en general e increíblemente interesantes.

Son numerosos los relatos y mitos romanos que se registran en esta antigua nación, pero les dejamos algunos de los más populares hasta nuestros días:

Júpiter y la abeja

Son muchas las historias, relatos y mitos romanos sobre Júpiter, el señor y rey de los dioses, siendo una de las más conocidas la de Júpiter y la abeja, La historia nos advierte que hay que tener cuidado con lo que deseas, pues no siempre es lo que más nos conviene.

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Cuenta la historia que una pequeña abeja un poco cansada y exasperada de que los animales y las personas le robaran la miel, deseaba encontrar la forma de defenderse y preservar su dulce tesoro.

Pensó que, si fuera poseedora de algún tipo de arma, podría luchar contra los ladrones y no les sería tan fácil acceder a la miel. La abeja deseaba y deseaba, pero los dioses no le concedían su pedido.

Decidió entonces solicitar la ayuda de Júpiter directamente y volando hacia los cielos, obsequió a Júpiter con su miel.

El dios quedó maravillado con ese exquisito regalo y permitió que la abeja explicara su problema. La abeja relato sus desventuras por el robo constante de la miel y su deseo de proteger ella misma su preciado tesoro.

Quería un arma, algo como un aguijón, contaba la abeja. La cara de Júpiter cambió ¿Picarías a los dioses? ¿Me picarías a mí? La abeja negó alarmada ante tal pregunta.

Entonces apareció Juno y Júpiter le ofreció a su esposa un poco de miel. Al igual que su esposo la diosa quedó maravillada.

Un sabor tan extraordinario necesita resguardo, afirmó Juno. Así que le sugirió a Júpiter que le otorgara a las abejas un aguijón. Pero como todo por este favor debe haber un pago.

Cualquier abeja que use el regalo de Júpiter debe pagarlo con su vida, de esa manera, cada abeja tiene una opción: proteger su miel y morir, o compartirla.

Antes de poder negarse, la pequeña abeja vio como el dios asentía y con un movimiento de su mano concedió el fatídico deseo a la abeja.

Orfeo y Eurídice

Entre los mitos romanos el de Eurídice y Orfeo es muy emotivo y conmovedor. Orfeo  era cantante, músico y poeta, le acompañaba siempre una lira que llevaba en su hombro. Se había casado recientemente con Eurídice, una hermosa joven que lamentablemente fue mordida por una víbora y murió a causa de su veneno.

Afligido por el dolor, Orfeo descendió al inframundo decidido a buscarla y traerla a la vida. Les suplicó a los señores del inframundo, Plutón y Proserpina le concediera el favor de su regreso con tal elocuencia que conmovió los corazones de los dioses y los habitantes del inframundo.

Se dice que incluso Cerberus, el feroz perro de tres cabezas que vigila las puertas del infierno, se tumbó mansamente a los pies de Proserpine. Los dioses aceptaron el regreso de Eurídice.

La condición impuesta era que Orfeo no debía mirar a Eurídice hasta que estuviera segura en la tierra de los mortales, si él rompía su palabra y volteaba a verla antes de abandonar el inframundo, ella descendería una vez más a sus espacios para siempre.

Orfeo accedió, el ascenso a la tierra no era sencillo, era un viaje muy aterrador de regreso a la superficie. Estaba preocupado, quizás su esposa necesitaba de su ayuda o tal vez Plutón no la enviará después de todo.

Pensó en asegurarse de que todo estaba bien, daría un rápido vistazo detrás de él para verla, pero las condiciones de los dioses del averno eran muy serias, apenas giró para verla perdió a su esposa para siempre.

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Ceres, Proserpina y las cuatro estaciones

Ceres, era la diosa de la agricultura y de las cosechas, la producción y la fertilidad de la tierra estaba a su cargo, su labor era muy importante, pues de la cosecha dependía la vida de los seres humanos. Si Ceres era afectada por algo y esto influía en su labor, los cultivos podrían morir y con ella todos, los dioses y los mortales, por lo que Ceres debía mantenerse feliz.

Pero esta deidad no era tan complicada como muchas otras, lo que la hacía más feliz era disfrutar de la compañía de su hija, Proserpina, la diosa de la primavera y posteriormente asociada a la vida y la muerte.

Proserpina se había convertido en una hermosa joven, sonriente y encantadora. Un día, mientras recolectaban flores en los campos cerca del lago Pergusa , con algunas ninfas, Plutón, quien también era su tío, el dios del inframundo, la observó.

Plutón es descrito como un dios algo sombrío, apartado, pero la belleza de Proserpine lo había deslumbrado y decidió que sería para él. Rápidamente, antes de que alguien pudiera interferir, surgió del volcán Etna muy cerca de la ubicación de la joven y la secuestró.

Con rapidez arrojó su carro jalado por cuatro corceles oscuros como la noche, a las profundidades más oscuras del inframundo, llevándose a Proserpina con él. Ya en el inframundo, Proserpina lloró amargamente y se negó a estar cerca de Plutón.

Se negó a hablar y a comer, pues las historias decían que, si comías algo en el inframundo, nunca podrías irte, aun cuando no sabía si era cierto, no quería arriesgarse. Pero pasaron los días y finalmente incapaz de soportar más el hambre, Proserpina comió seis semillas de granada del tártaro. Parecía que su destino estaba escrito y sellado, teniendo que quedarse a vivir en el Inframundo para siempre. MITOS ROMANOS

Pero en la tierra, los cultivos morían y con ellos muy pronto la gente. Ceres deprimida y abatida por la desaparición de su hija era incapaz de atender sus labores. Júpiter envió a Mercurio, su hijo menor y mensajero, a tratar de llegar a un acuerdo con Plutón.

Era un acuerdo complicado porque el señor del inframundo no quería dejar en libertad a su cautiva, quien además había comido seis semillas de granada. Mercurio tuvo que pensar rápidamente y le propuso a Plutón lo que consideró más factible.

Proserpina viviría como la reina del inframundo por un lapso de seis meses al año y volvería con su madre los otros seis. Plutón estuvo de acuerdo y Júpiter aceptó.

Entonces cada año Ceres se asegura de que todas las plantas florezcan y el color de las flores y los frutos sean los más hermosos para dar la bienvenida a su hija, la Reina del Inframundo, su amada Proserpina.

Esos seis meses son cálidos y soleados, asociados a la primavera y al verano, pero cuando pasa este lapso de tiempo y Proserpina regresa a Plutón, Ceres se entristece, llora y deja que todos los cultivos mueran hasta que su hija retorna, asociando esta temporada con el otoño y el invierno. Siendo este un ciclo de nunca acabar y según los antiguos,  la razón de que en la tierra existan las estaciones.

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Los doce trabajos de Hércules

Hércules fue un héroe protagonista de muchos mitos romanos, mitad hombre y mitad dios. Su madre era mortal y su padre  el poderoso Júpiter, bien conocido por sus aventuras románticas. Sin embargo, Hércules fue criado en la tierra, sin saber que era descendiente de un dios hasta que se había convertido en un hombre.

Juno, la celosa esposa de Júpiter, dedicó gran parte de su existencia a destruir a todas la mujeres e hijos de Júpiter, por lo que es obvio que despreciaba a Hércules.

Intentó matarlo en muchas oportunidades y de varias formas desde que era un bebé. En una ocasión envío de un par de serpientes realmente grandes a su cuna y el pequeño Hércules aplastó a los ofidios, pues era increíblemente fuerte.

Júpiter admiraba su fuerza y amaba a su hijo, pero sabía que tarde o temprano, Juno podría encontrar la forma de matarlo y para mantenerlo a salvo de su odio, el dios lo envió a vivir con una familia mortal en la tierra.

Hércules creció, fue noble y muy amado, pero su fuerza y físico le hacían sentir que no encajaba en la tierra, entonces fue cuando sus padres mortales le revelaron la verdad, que era mitad dios.

La historia de este héroe romano está repleta de aventuras, sin sabores, batallas y trabajos que solo él y su increíble fuerza pudieron superar. Uno de los mitos romanos  más famosos es el de los Doce trabajos de Hércules.

Hércules libró una guerra contra el reino de Orchomenos en Beocia, donde salió victorioso y se casó con Megara, hija de Creón, rey de Tebas.

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Pero Juno siempre al acecho logró causar un ataque de locura momentáneo en el héroe matando a su esposa e hijos, en consecuencia, se vio obligado a convertirse en el servidor de Eurystheus.

Eurystheus rey de la Argólida era un primo mortal de Hércules y fue quien impuso al héroe por influencia de Juno las famosas labores, que luego se organizaron en una lista de 12 misiones según el mito, generalmente de la siguiente manera:

  1. El asesinato del león Nemea, cuya piel usó después
  2. La muerte de la Hidra de nueve cabezas de Lerna
  3. La captura del esquivo ciervo de Arcadia
  4. Aprisionar al jabalí del monte Erymanthos
  5. La limpieza, en un solo día, de los establos de ganado del rey Augias de Elis
  6. El exterminio de las monstruosas aves devoradoras de hombres de los pantanos de Stymphalian
  7. El apresamiento del toro que aterrorizó a la isla de Creta
  8. La captura de las yeguas devoradoras de hombres del Rey Diomedes de los Bistones
  9. Apropiarse del cinturón o faja de Hippolyte, reina de las amazonas
  10. Robar el ganado del gigante de tres cuerpos Geryon, que gobernó la isla Erytheia en el extremo oeste
  11. La devolución de las manzanas de oro que las Hespérides mantuvieron en el fin del mundo
  12. La búsqueda desde el inframundo del perro de tres cabezas Cerbero, guardián de sus puertas.

Narciso y la ninfa Eco

Narciso era un apuesto hombre que rompió los corazones de muchos, pues todo el que lo veía fueran mujeres u hombres quedaban impresionados. A pesar de tantas muestras de amor, él se mantuvo distante, arrogante y en algunos casos cruel, pues era orgulloso y los trataba a todos con desdén.

En una oportunidad, la bellísima ninfa del bosque Echo había provocado la ira de la diosa Juno, quien castigó a Echo por hablar demasiado y la hechizó para que solo pudiera repetir las últimas palabras de los demás.

Eco vio a Narciso y se enamoró, anhelaba su atención, pero él estaba obsesionado con él mismo. Un día, Narciso se separó de sus compañeros de caza y gritó: «¿Hay alguien allí?» Echo solo pudo repetir sus palabras. Asustado, dijo: «Ven aquí» y la ninfa siguió sus órdenes.

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Eco se apresuró y jubilosa corrió hacia Narciso, pero él la rechazó y le dijo: “¡Manos fuera! ¿Puedo morir antes de que disfrutes de mi cuerpo? Sintiéndose humillada por el rechazo, la ninfa huyó abochornada.

Aun así, no dejó de amar a Narciso y pasó el resto de sus días sola, hundida en la tristeza del amor no correspondido hasta que desapareció y solo sobrevivió su voz.

Para castigar a Narciso por su arrogancia y crueldad, Némesis, la diosa de la venganza, lo hechizó y cuando Narciso notó su reflejo en un charco de agua, el amor lo alcanzó.

Creía que finalmente había encontrado a alguien digno de su amor y quedó completamente absorto en su propia imagen, sin darse cuenta de que en realidad era él mismo.

Incapaz de llamar la atención de esa imagen que parecía distante, la depresión se apoderó de él y su obsesión por ese perfecto joven creció.

Así pasaron los años y la bella imagen para el inalcanzable no daba muestras de amor, entonces sabiéndose incapaz de dejar verla, Narciso finalmente se suicidó, consumido por su amor imposible.

Entre los mitos romanos este se encuentra entre los más trágicos, afirmando que en el lugar donde el joven exhaló su último suspiro, creció una hermosa flor blanca, a la que llamaron Narciso.

Baco y Ariadna

Ariadna era descendiente del monarca Minos de Creta e intervino en varios mitos romanos. Una joven hermosa, muy inteligente pero bastante ingenua, se enamoró del héroe Teseo y por esta razón le colaboró en su misión de matar al terrible Minotauro.

Teseo, con ayuda de Ariadna tuvo éxito en matar al monstruo y ganar la libertad de Atenas, pero no tenía intención de casarse con la joven.

Navegaron hacia Atenas para mantener las apariencias, pero durante una breve parada en la isla de Naxos, él la abandonó mientras ella dormía en la playa.

Totalmente angustiada por su abandono y rechazo injustificados, Ariadna todavía estaba sentada en la playa cuando Baco, dios del vino y la juerga, apareció en el cielo con una comitiva de sus singulares seguidores en un carro alado por panteras.

Vio a Ariadna afligida y de inmediato quedó encantado con ella. La chica quedó prendada del dios y se casaron. Aunque parezca difícil de creer el dios Baco realmente se enamoró de Ariadna, tuvieron tres hijos  y convivieron bastante felices.

Algunas versiones del mito dicen que después de su boda, Baco colocó la brillante diadema de Ariadna en el cielo como la constelación de la aurora boreal, elevando así a su nueva esposa a la inmortalidad.

Plutón y el Rey

Entre los mitos romanos más interesantes encontramos el de Plutón y el rey. Cuenta la historia que hubo un tiempo donde un rey muy inteligente era quien reinaba en la ciudad de Corinto, se ocupaba de su gente y ellos estaban muy orgullosos de él.

Un día, el monarca se encontraba enfrascado en la idea de solucionar el problema del agua dulce de Corinto, que no tenía fuentes ni acueductos y se sorprendió al ver al dios Júpiter volando por los cielos, con algo en sus manos que no alcanzó a ver.

Es raro ver a Júpiter por estos lados, generalmente no sale de su reino, que hará por aquí- pensaba el soberano. Siguió sumido en sus pensamientos cuando divisó otra deidad que pasó sobre el reino volando y que al punto preguntó si había visto a su hija.  El rey tan inteligente y vivaz, le contestó:

«Si le das a mi ciudad una fuente de agua dulce, te diré lo que vi»- dijo con fuerza.

La deidad sin perder tiempo concedió su petición, una corriente de agua dulce fresca y limpia burbujeó desde unas rocas.

«Júpiter llevaba algo en sus manos que podría haber sido lo que buscas y se marchó por ese sendero”, reveló el rey.

Júpiter, señor de todos los dioses no le agradaba que un mortal se inmiscuya en sus asuntos, interferir en sus negocios tenía un castigo.

Solicitó a Plutón que el rey fuera llevado a sus dominios inmediatamente como castigo por ponerlo en evidencia con un dios menor, ¡Llévalo al inframundo de inmediato!

El rey que se imaginaba una reprimenda por parte de Júpiter, le dijo a su mujer en voz baja:  No coloques en mi boca la moneda de oro cuando te informen que he muerto.

La reina obedeció al pie dela letra y así el rey partió de este mundo sin la moneda correspondiente, encontrándose con Plutón a las orillas del río Estigia en la entrada del inframundo.

«¿Tu moneda de oro, donde está?» interrogó el señor de los muertos. La forma de llegar al reino de Plutón era pagar el viaje a través del río Estigia y este pobre mortal no tenía su moneda.

El rey fingiendo estar avergonzado, bajó la cabeza y balbuceó: «Mi mujer no tenía una moneda para pagar el pasaje». El rey Plutón no cabía en su asombro y dijo: «Vuelve a la tierra y enseña a las mujeres mejores modales».

Así el rey fue devuelto a su reino inmediatamente, sano y salvo por Plutón, donde siguió gobernando por mucho tiempo.

Neptuno y Minerva

En épocas antiguas relatan los mitos romanos, que cada ciudad y pueblo tenían una deidad protectora, un dios especial que se encargaba de cuidarlos.

Un día sucedió que dos deidades, Minerva, diosa de la sabiduría y Neptuno, el señor del mar, reclamaron la custodia de un pueblo costero.

Normalmente, los pueblos se alegraban cuando una deidad les favorecía y le daba su protección, pero nunca ocurría que dos dioses se ocupan del mismo pueblo y francamente los habitantes no querían tener que elegir.

Era claro que un pueblo solo podía tener un patrón y decidirse por alguno de los dos dioses significaba que alguno de los dos se enoja y no era bueno enemistarse con estos seres poderosos.

Minerva, que era una deidad muy sabía entendió la preocupación de los pobladores y propuso que tanto ella como Neptuno les darían un regalo y ellos decidirán cuál era el mejor. La preocupación creció aún más, no era fácil juzgar el obsequio de un dios.

Neptuno dio unos golpes en la colina y una corriente de agua brotó de ella, las personas estaban maravilladas, el agua dulce era difícil de conseguir y muy preciada. Sin embargo, cuando probaron de la corriente, pudieron notar que el agua era salada.

Entonces la diosa Minerva con un movimiento de su mano hizo brotar de la tierra un olivo, la gente probó las aceitunas y las encontraron deliciosas. Entonces Minerva dijo, el olivo les proveerá de alimento, aceite y cobijo.

Era innegable cuál era el mejor obsequio, hasta para Neptuno, quien entre sonoras carcajadas exclamó: «Es mejor tu obsequio querida sobrina ¡El pueblo es tuyo!»

Rómulo y Remo

Rómulo y Remo eran hermanos gemelos, hijos de Rea Silvia, descendiente de Numitor, el monarca de Alba Longa, una ciudad de Lacio.

Amulius tío de Rea Silvia decide tomar el poder y asesina a todos los herederos varones de Numitor, obligando además a Rea Silvia a convertirse en una Virgen Vestal, mujeres encargadas de mantener un fuego sagrado y que debían permanecer castas.

Sin embargo, Rea Silvia queda embarazada los gemelos, siendo la paternidad atribuida al dios Marte o el semidiós Hércules. Sin embargo, algunos afirman que la joven mujer fue violada por un hombre desconocido y quedó embarazada.

Cuando nacen los gemelos, el rey Amulio enfurece y envía a sus sirvientes a dejarlos abandonados en una canasta junto al río Tíber, que los arrastra.

Río abajo son descubiertos por una loba, que tomaba agua a las orillas del Tíber. Luperca, era su nombre y los llevó hasta la lobera en el Monte Palatino donde los resguarda y amamanta, hasta que un pastor los encontró y se los llevó a su hogar.

Ambos niños fueron criados por el pastor y su esposa, y ambos pronto demuestran ser líderes naturales. Posteriormente depusieron a Amulius y decidieron fundar una ciudad en el sitio donde fueron salvados por la loba.

Sin embargo, pronto se pelearon por el sitio de la ciudad, mientras Rómulo quería fundar la nueva ciudad en la colina del Palatino, Remus prefería la colina del Aventino. La disputa fue grave y Rómulo asesinó a Remo.

Afirman los mitos romanos que posteriormente el hermano sobreviviente fundó Roma y la lideró en una serie de victorias militares, supervisando su expansión.  Bajo su liderazgo, Roma se convirtió en la fuerza dominante en la región.

El dios Jano

Janus o Jano, el dios romano de los comienzos y los pórticos , tenía dos rostros, una que reflejaba el pasado y la otra el futuro. El primer mes del año, el mes de enero debe su nombre a Janus y se consideró el responsable de los movimientos y cambios que ocurren a tiempo.

Este dios jugó un papel esencial en el antiguo mito romano del robo de las mujeres sabinas. En la época en que Roma era conducida por Rómulo, las doncellas sabinas, de una ciudad cercana a la antigua Roma fueron robadas por los romanos.

Como era de esperarse el secuestro de las mujeres causó muchas molestias entre los sabinos y decidieron recuperarlas.

Afirman los mitos romanos que, cuando los sabinos intentaron forzar las puertas del templo, Janus entró en escena como el salvador, arrojó chorros de agua caliente como una fuente termal volcánica, que enterró a todos los hombres bajo las cenizas y el agua hirviendo.

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