Dioses Olmecas: características, mitos, dioses y más

En los territorios ocupados hoy en día por México y Guatemala hace muchos años existió la civilización Olmeca, regida por la mitología y la magia. Los Dioses olmecas forman parte del legado de esta milenaria y rica cultura. Conoce más sobre estas deidades y su influencia sobre la vida de los hombres.

DIOSES OLMECAS

Civilización Olmeca

La civilización olmeca se desarrolló en el territorio mesoamericano durante el período Preclásico. Los hallazgos hechos con respecto de esta cultura la ubican entre los territorios que ocupan hoy el oeste de Tabasco y el sureste del estado de Veracruz, en México, aunque en otras tantas regiones haya evidencias de su presencia.

Debe aclararse que el nombre “olmeca”  no es el nombre real de esta civilización, sino que fue impuesta por los arqueólogos que investigaron sobre esta cultura en el siglo XX. Por esta razón, no debe relacionarse con los “olmeca-xicalancas”, un grupo étnico que se desarrolló en la era epiclásica en algunas zonas de México como Cacaxtla.

Por muchos años se le atribuyó a la cultura olmeca ser la “madre de la civilización mesoamericana”. Sin embargo, no  se ha logrado precisar el proceso que decantó en el estilo artístico atribuido a esta sociedad; tampoco si estos elementos son creación originaria de los olmecas.

Algunas de las investigaciones destacan que algunos de los elementos identificados con la cultura olmeca pudieron haber hecho su aparición primera en los Valles Centrales de Oaxaca o quizás en Chiapas. Otro elemento a tomar en cuenta es el hecho de que muchos lugares vinculados con este pueblo se encuentran en la Depresión del Balsas, en el centro de la ciudad de Guerrero.

Pero, sea cual fuere el origen de la civilización olmeca, el sistema de intercambios que se desarrolló entre los pueblos de Mesoamérica, tributó en mucho a la propagación y expansión de gran parte de sus elementos culturales distintivos de estos pueblos. Entre ellos se destacan la veneración a los espacios naturales como las cuevas y las montañas, la adoración a la figura de la Serpiente Emplumada como deidad vinculada con la agricultura.

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Otros aspectos que se expandieron por todo el territorio mesoamericano fueron la representación simbólica del jade y las representaciones artísticas propias de la cultura olmeca, los cuales sufrieron alteraciones con el paso del tiempo y la introducción de nuevas culturas, tras el declive de esta civilización.

Religión y los dioses olmecas

Como en todos los pueblos de Mesoamérica, la religión era el centro desde el que se originaban todos los temas de interés para la sociedad olmeca, de los cuales se encontraron ciertos hallazgos. Su religión era politeísta, con un panteón integrado por muchas divinidades, vinculadas en su mayoría con la agricultura y los elementos naturales que se relacionan con ella como el sol, los animales y el agua, entre otros.

El eje central de la religión y el culto olmeca es el jaguar, simbolizado en todas las manifestaciones artísticas de este pueblo. El dios jaguar era representado con la típica boca de los olmecas: en forma de trapecio, con las comisuras hacia abajo y el labio superior muy grueso. En ciertas representaciones aparece con grandes colmillos, hendidura en el cráneo y ornamentos supraciliares.

Se desconoce el tipo de dios que era y tampoco se sabe cuál era su género sexual. Se presume haya sido la deidad originaria del Dios de la lluvia, que luego se desarrolló en diferentes regiones del territorio mesoamericano.

Dentro de esta cultura se acostumbraba a usar ciertos animales para darles representación divina, como ocurrió con el caimán, los reptiles y los sapos, animales tradicionales de estos territorios. Solían mezclar partes de animales entre sí e, incluso, con figuras humanas, para crear seres mitológicos. Otra característica es el uso de figuras abstractas para adornar las representaciones de las diferentes deidades, sin que se conozca su simbología.

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Dinastías religiosas

Se presume que la religión olmeca pudo centrarse en dinastías, en las que los dioses estarían directamente vinculados con los mandatarios, con los sacerdotes, los chamanes y otros nobles, quienes eran considerados como descendientes directos de los dioses.

Se trataba de una religión compleja, cuyos códigos han sido imposibles de descifrar. Se infiere que pudo haber desarrollado una doctrina aceptada por los pobladores en la que se justificaba y se legitimaba la existencia de los linajes y las diferencias de clases. De esta forma atribuían a fuerzas divinas las desigualdades sociales y los vínculos entre ciertos clanes y los dioses.

La religión olmeca estaba concebida como una institución, con una estructura que integraba a un cuerpo de sabios y eruditos con su panteón. Por tal motivo, los gobernantes también utilizaban figuras de animales para identificarse en sus roles. Esto les permitía ser reconocidos por su linaje dentro del pueblo.

Hoy en día no existen registros que documenten las prácticas religiosas de los olmecas por lo que, muchas de estas manifestaciones culturales son desconocidas. Tomando como base los hallazgos arqueológicos y el arte del período prehispánico que ha sobrevivido hasta la actualidad, se pueden hacer algunas inferencias sobre estos aspectos.

También se han establecido algunas comparaciones con vestigios de otras civilizaciones precolombinas, de las cuales existen mayores datos, entre las cuales se han identificado motivos similares, lo que permite especular sobre un origen común.

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Herencia ancestral

La civilización olmeca alcanzó su máximo desarrollo entre los años 1200 a.C. y 800 a.C., aproximadamente. No obstante, se presume siguieron consolidado nuevos asentamientos hasta el 400 a.C. Hay quienes aseguran que su influencia llegó hasta el 100 a.C. Implementaron un sistema de escritura jeroglífica para comunicarse.

De los ejemplos de esta escritura que se conocen hoy en día, el más antiguo data de 650 a.C. Sin embargo, son muy pocos los documentos y textos olmecas que lograron sobrevivir al tiempo. Esto ha contribuido a que muchos de los caracteres impresos en los documentos que existen sean totalmente desconocidos, en comparación con los profusos jeroglíficos mayas.

Los arqueólogos insisten en asegurar que la cultura olmeca es ancestral y fue la que dio origen a las “civilizaciones mesoamericanas posteriores, incluyendo la civilización maya, los habitantes de la ciudad de Teotihuacan y los grupos indígenas mayas de la actualidad”. Otras culturas, como los mexicas y los toltecas, no fueron descendientes directos de los olmecas, pero recibieron mucha influencia de éstos.

La Venta es una de las ruinas olmecas más conocidas. Está ubicada en el estado de Tabasco y guarda ciertas representaciones de figuras presuntamente de origen mitológico. Estas imágenes datan del 800 a.C. hasta el 400 a.C., e incluyen un Espíritu de la lluvia, con forma de niño pequeño; una Serpiente Emplumada y un Hombre de la Cosecha de cuya cabeza brotan granos de maíz.

Figuras parecidas se han encontrado en los mitos de culturas que fueron posteriores a la olmeca y que florecieron en el mismo territorio. Los olmecas tenían como creencia que todo lo que les rodeaba tenía vida, como los manantiales, los árboles, las montañas y las cuevas, entre otros. Todos poseían espíritus de gran valía para los olmecas.

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Dentro de la civilización olmeca, las montañas simbolizan el nexo que existe entre el cielo, la tierra y el inframundo; además de ser el lugar donde reposan los ancestros, así como los espíritus de la lluvia, del inframundo y de la tierra misma.

El Dios Dragón de los olmecas es una deidad con marcados rasgos de serpientes, jaguares y aves, animales del territorio donde se desarrollaba esta civilización. Es la deidad olmeca que más fue representada y de la cual se han encontrado mayores hallazgos como hachas de jade y otros instrumentos.

¿Cuáles son los dioses olmecas?

Las creencias religiosas olmecas se centraban en la certeza de que “el hombre y el animal tenían la posibilidad de cambiar sus propias condiciones, de animal a hombre y viceversa”. También aceptaban las combinaciones que pudieran darse entre ambos, mitad hombre y mitad animal.

En el panteón olmeca podían encontrarse divinidades de toda índole y con un sinnúmero de representaciones. Estaban las monstruosas deidades de dimensiones gigantescas, entre las que se incluían animales como tiburones, serpientes, insectos, cocodrilos y aves.

También destacaban los cuerpos que combinaban diferentes animales, que se consideraban los ancestros de los gobernantes a los cuales les entregaron sus poderes. Todas las divinidades olmecas representaban elementos o fenómenos de la naturaleza como el sol, la fertilidad, el agua, el fuego, los volcanes y, por supuesto, el maíz.

Una de las deidades más importantes dentro del panteón olmeca es el Dios Jaguar, conocido también como el dios de la selva. Simboliza la vida silvestre, así como el ambiente selvático, rudo y hostil. Este dios dio origen a los hombres-jaguar, producto de la unión entre una mujer humana y un dios jaguar.

Otra deidad objeto de culto fue el dios de la cosecha, cuyo mito refiere la historia de un joven que entregó su vida como ofrenda ante los dioses para garantizar que su pueblo pudiese tener alimentos todo el tiempo. Es considerado un héroe que también representa la fertilidad y el nacimiento de todo lo nuevo.

Los Dioses Olmecas principales

Al aspecto mágico religioso fue una de las características representativas de la civilización olmeca, que fue determinante en todos los aspectos de la vida cotidiana de este pueblo. En muchas ocasiones, los dioses olmecas eran considerados como realidades absolutas directamente vinculadas con los hombres y su quehacer. Es frecuente ver que estas divinidades fueron representadas con cuerpos mitad hombre mitad animal, con cabeza plana y una hendidura sobre esta para recibir las ofrendas.

Se presume que los dioses se comunicaban directamente con los gobernantes, que estaban por encima de los chamanes y sacerdotes. Por esta razón, estas personalidades gozaban de tanta relevancia dentro de la sociedad olmeca.

Además, los elementos naturales y su vinculación con la mitología y la vida del hombre, son una constante en la historia de la civilización olmeca. En muchos relatos se presenta a los dioses olmecas como figuras monstruosas y fantásticas, cuyos poderes infinitos son garantía de victoria ante cualquier situación, sea terrenal o divina.

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Aunque en algunas ocasiones los gobernantes y reyes olmecas eran considerados como dioses, los hallazgos arqueológicos han permitido establecer que las cabezas gigantes que se suponía eran una representación de los dioses, se trataban de retratos de sus guías terrenales. A continuación se describen las características de los principales dioses de la mitología olmeca.

Dios jaguar

El dios jaguar de los olmecas también recibe el nombre de Ek Balam, que quiere decir “jaguar negro” o “estrella negra”. Para el pueblo maya guardaba relación con la noche y con el sol del atardecer ya que, durante su recorrido por la cúpula del cielo, debe atravesar el inframundo.

Esta deidad fue una de las más representativas de la civilización maya puesto que, tanto los mandatarios, como los sacerdotes y los soldados, le rendían tributo a este felino. Esto se debe a que el jaguar es uno de los depredadores de mayor tamaño de América y, además, posee ciertos rasgos que lo vinculan con la naturaleza. De igual forma, se creía que no solamente era parte del acto creador, sino que también los reyes y nobles formaban parte de su descendencia.

Símbolo

Dentro del panteón de los dioses olmecas, el dios jaguar representó el mayor símbolo de su religión y creencias. Esta deidad es la representación totémica que reúne a todos los espíritus de la naturaleza, por lo que una de sus más importantes expresiones fue la de la “raza de los hombres jaguar”.

La simbología del dios jaguar estaba estrechamente  relacionada con la serpiente acuática que, en sus inicios, fue la representación del elemento agua en la tierra. Este vínculo da origen a la serpiente-jaguar, lo que demuestra que ambos entrañaban la fecundidad y, por consiguiente, el nacimiento.

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La belleza del dios jaguar era inigualable, pues se trataba de un felino con rasgos muy particulares entre los que se destacan su gran cabeza, sus enormes ojos de extraño color, grandes y afilados colmillos y el grosor de su labio superior.

Mito del hombre-jaguar

De acuerdo con la mitología olmeca, una mujer humana sostuvo relaciones con un jaguar. Esta unión dio como resultado el nacimiento de los hombres jaguares. Esta leyenda ha permitido inducir que este felino es el ascendiente de los olmecas, ya que las características físicas de éstos contenían, en mucho, rasgos felinos.

Por su importancia dentro del panteón olmeca, el dios-jaguar era adorado en diferentes templos y rituales. En estos lugares se le presentaban ofrendas de toda índole como figuras en formas humanas o de animales, hachas, collares o vasijas, entre otras.

Dios dragón

El dios dragón es uno de los dioses olmecas más antiguos del panteón olmeca. También se le conoce como “Monstruo de la Tierra”. La representación física de esta deidad fue tallada en piedra, grabada en platos y esculpida de diferentes maneras para describir los distintos ceremoniales que se hacían en su honor. Para mantener su figura mítica y su función sobrenatural, se le suele llamar monstruo de la tierra o animal fantástico,

Al igual que muchas otras divinidades olmecas, el dios dragón también fue personificado como un animal fabuloso que mezclaba características de animales como aves, serpientes y los mismos jaguares, todo en una sola figura. En algunas representaciones aparecía como un ser con estampa humana que tenía rasgos de varios animales. Se le conocía como un personaje mitológico.

Aspecto

La imagen del dios dragón guardaba en sí misma elementos típicos de la cultura olmeca, dentro de los que puede destacarse el tipo de ceja con forma de llama de fuego, que es conocida en este argot como “ceja flamígera”. También tenía grabada en el pecho o en el ojo una cruz olmeca que se conoce bajo el nombre de “Cruz de San Andrés”.

El  dios dragón de los olmecas suele ser representado con una nariz prominente y una lengua  cuya punta está dividida en dos partes, en medio de las hachas de jade. Esta deidad es uno de los dioses de esta civilización que se representa con mayor frecuencia. Otra peculiaridad del monstruo de la tierra es que de sus labios brotaban unos signos ininteligibles, que bien podían ser nubes o palabras.

La figura del dios dragón olmeca data de los años 1200 a.C. a 400 a. C., por lo que aún se mantiene en discusión si se le debe considerar un dios o no. Sin embargo, aunque existen pruebas de las ceremonias y ritos en los que se veneraba a esta mítica criatura en la civilización olmeca, no son determinantes para reconocerlo como una deidad.

Serpiente emplumada

Gran parte de la civilización mesoamericana giraba en torno al maíz, y la cultura olmeca no era la excepción. Tanto la mitología como los dioses olmecas están influidos por este producto. Así lo demuestra la divinidad Serpiente Emplumada, un dios muy relevante dentro del panteón a quien se le atribuye, entre muchas otras cosas, ser el “dador del maíz a la humanidad”.

En las exploraciones de las ruinas de la cultura mexicana destaca la de los dioses Olmecas. Se llevó a cabo en la zona costera del Golfo de México, al norte de la ciudad de Tabasco y al sur del territorio veracruzano. Gracias a estos hallazgos se pudo conocer sobre la importancia de la Serpiente Emplumada, a la que los mayas llamaron “Kukulkán” oo “Kukulcán”. Para los Toltecas, la Serpiente Emplumada era una representación de Quetzalcóatl.

Las creencias mágico-religiosas trascendieron fronteras hasta llegar a los pueblos de Centroamérica. A partir de entonces, comenzaron a tener mayor consciencia de su entorno natural y a considerar todo lo que estaba a su alrededor. De esta forma, los seres vivos, los animales, los árboles, los ríos y las montañas, entre otros, se revistieron de gran importancia pues se consideraban vínculos entre el cielo y la tierra. Esto dio lugar a la aparición de los espíritus.

Como en todos los pueblos mesoamericanos, los olmecas representaban a sus deidades con figuras de animales como felinos, aves, insectos, cocodrilos o serpientes. Otra variante era agregar a la figura humana rasgos de éstos animales, dado así origen a sus poderes. La Serpiente Emplumada también es conocida como Quetzal. Tuvo su origen en Mesoamérica y para esta cultura es el símbolo de la muerte y la resurrección. También se le relaciona con el planeta Venus.

Aspecto y figura

La Serpiente Emplumada es para los Olmecas el símbolo de la fertilidad. Para la cultura precolombina es un ser que reúne en sí mismo atributos celestiales y terrenales. Su poder se manifiesta con la energía y movimientos telúricos. Su mensajero era un ave, a través de la cual se comunicaba con los seres humanos. Sus atributos y dones le dieron el lugar como dios principal de los pueblos de Mesoamérica.

Durante su hegemonía solía recibir innumerables ofrendas por parte de los devotos que buscaban sus favores y protección. Por este tiempo se instauró la realización de rutinas como los autosacrificios vinculados con las prácticas sacerdotales, los baños rituales y los rezos.

Rivalidad

Uno de sus principales y más conocidos rivales era el dios Tezcatlipoca, quien también era conocido con el nombre de “espejo empañado”. Su esencia guerrera le hizo ganar algunos enemigos a esta deidad que representaba la oscuridad y el cielo de la noche.

Otro de sus acérrimos contrincantes fue la divinidad azteca Huitzilopochtli, a quien se le conocía por el nombre de “el ruiseñor divino”. Fue un dios de la guerra sanguinario. Ambos simbolizaban las fuerzas del bien y del mal: mientras uno era el artista creador, el otro era un devastador.

Dios del Maíz

Este dios se ganó el respeto de su pueblo por su gran humanidad y por ser el responsable de llevarles el principal alimento para esta cultura: el maíz. El Dios del Maíz es una de las deidades más conocidas en las diferentes culturas prehispánicas. Aparece en diferentes leyendas, forma parte de sus creencias y su mitología desde los tiempos antes de Cristo y muchísimo tiempo después, al punto de estar consolidado como deidad a la llegada de los españoles.

Tal como ocurre con otras deidades, el Dios del Maíz es reconocido dentro de la mitología prehispánica por la combinación de rasgos de figuras humanas con ciertos dioses e, incluso, animales. No hay documentación que indique cuál es su género sexual. Indistintamente, se le puede representar con figuras masculinas o femeninas.

También recibe el nombre de Centéotl o Cintéotl, que está formado por dos raíces: centli, que quiere decir “grano” y teotl, que significa “dios”. Juntos forman el nombre “Dios del grano” que, por extensión se pronuncia “Dios del Maíz” e identifica a esta importante divinidad, vinculada con el alimento.

Origen de su nombre

Para todas las culturas mesoamericanas, el maíz era el principal alimento, el más necesario y el que no podía faltar jamás en la mesa. Allí radica la importancia del Dios del Maíz por ser considerado el “proveedor” de este vital alimento. El Dios del Maíz era tan importante como el maíz mismo. De igual forma se le consideró como una bebida mágica.

En su representación como deidad femenina, asumía el rol de la diosa de la tierra, también de gran importancia para su pueblo. Nuevamente vinculada con el maíz, era el símbolo de la fertilidad de las tierras para la siembra y cosecha de este producto.

Su origen

Según cuenta la mitología azteca, el Dios del Maíz es producto de la unión de las deidades del panteón olmeca Tlazoltéotl y Piltzintechuhtli. Al nacer, buscó refugió debajo de la tierra y asumió la forma de diferentes alimentos, entre los que destaca el maíz.

Con el paso del tiempo, se presumió su muerte debajo de la tierra por lo que sus retos comenzaron a dar frutos. De su cabello brotó el algodón, de sus uñas el maíz, de su nariz y sus orejas diferentes semillas comestibles, de sus dedos una mina de camote y del resto del cuerpo, otros frutos y productos alimenticios.

Como reconocimiento al sacrificio hecho y a la contribución para con el sostén de su pueblo, el Dios del Maíz recibía homenajes y ceremonias de diferente índole. Se le ofrendaban cantos, se le hacían rituales o se le obsequiaban los productos de las cosechas. Uno de los ritos más llamativos es la inmolación de una joven virgen, la cual degollada. La piel del muslo de la víctima era utilizada como máscara por el sacerdote del Dios del Maíz.

Otro rito menos sanguinario consistía en reunir mazorcas de maíz que, una vez recogidas, se llevaban al santuario de Chicomecóatl, donde se hallaba una representación de esta divinidad olmeca. Se creía que éste se convertía en el corazón del maíz y de él nacería la semilla que se sembraría.

Dios de la lluvia

Tláloc es el nombre que recibe el Dios de la lluvia entre las culturas mesoamericanas. En su descripción aparece como una deidad de estatura muy baja, tal vez enano o con el cuerpo de un niño. Es de género masculino y frecuentemente aparece acompañado por una figura femenina. El tamaño de su cuerpo no incide en lo absoluto en su sabiduría y discernimiento, menos en sus dones para dirigir y guiar a su pueblo.

El Dios de la lluvia también forma parte de los dioses de la tierra dentro del panteón azteca. Ejerce gran poder y dominio sobre las fuerzas del agua, por lo que se le considera el responsable de suministrar este vital líquido, conocido también como “licor de la tierra”, para el riego de los sembradíos de maíz.

Luego de la cosecha, sus devotos le invocaban, pero esta vez para agradecer su benevolencia cuando tenían bonanza y abundancia de frutos. En épocas de sequía, clamaban el favor del Dios de la lluvia para que regara los campos y les devolviera la fertilidad.

Tanto para los aztecas como para los olmecas, Tláloc era el gobernante de los fenómenos atmosféricos. Por esta razón, se le presentaban ofrendas y sacrificios, humanos y animales, para mantenerlo contento y ganar su protección, que redundaba en la fecundidad de los campos y la abundancia en las cosechas.

Esta deidad olmeca es dueño y señor del relámpago y del trueno, manejándolos a su antojo. Físicamente, se le representa con colmillos de jaguar, ojos grandes y saltones, con diferentes atavíos que adornan su cuerpo. Los colores con los que se le identifica son los tonos verdes, amarillos y el negro. Posee un cetro en forma de serpiente.

El dios olmeca de la lluvia representa el nacimiento, pues tiene como tarea hacer germinar las cosas. Es el esposo de Chalchiuhtlicue, la diosa del amor y del agua. A través de los años se ha insistido en el mensaje enviado por este dios a la humanidad: “que los hombres vivan unidos como hermanos”. Esta pareja divina procreó un sinnúmero de hijos, que fueron llamados tlalocas, que significa “nubes”.

Relación con el mundo subacuático

De acuerdo con la mitología, el hogar del Dios de la lluvia se encuentra en el mundo subacuático, que es llamado por el nombre Tlalocan. A este lugar van las almas de las personas que fallecen en incidentes relacionados con las aguas y los fenómenos naturales vinculados con éstas. Se cuenta que en ese reino abundan los brotes de maíz, las frutas frescas y deliciosas y los más variados alimentos, pues no se conoce la carencia ni la miseria.

Dios Bandido

Este es uno de los dioses olmecas que genera gran misterio, ya que su rostro está cubierto a la mitad por una banda. Entre los territorios de Guatemala y México se consolidó una gran cultura, centro de las civilizaciones mesoamericanas que se reseñan dentro de la historia prehispánica. En esa zona tenía su origen el Dios Bandido, reconocido por las obras de arte en las que tomaba vida, en medio de eventos espirituales y divinidades míticas.

Como parte de sus creencias religiosas, los pueblos olmecas erigían figuras a las que les atribuían poderes sobrenaturales. Estas imágenes eran una combinación de características humanas y animales. Esto lo empleaban para representar deidades que fuesen significativas para los creyentes. Muchas de estas divinidades eran veneradas para lograr la sanación física ante ciertas enfermedades.

En la cultura olmeca aparece el Dios Bandido, el cual recibe su nombre debido a la banda que muestra en un lado de su rostro y que cubre uno de sus ojos. Su cabeza tiene forma plana y su boca se muestra con los labios cosidos, así como varias partes de su cuerpo con suturas.

Cultura olmeca

Entre los aportes realizados por la civilización olmeca destacan las pirámides y los monumentos, muchos de ellos con fachadas misteriosas. Entre los templos y santuarios de los dioses olmecas se encuentran los ubicados en los yacimientos de San Lorenzo y Tres Zapotes. Estos lugares fueron del centro de partida para el desarrollo económico y el liderazgo religioso. Su legado fusiona las experiencias pasadas con el presente para predecir parte del futuro.

Dentro de esta cultura, al igual que la azteca, los dioses olmecas son muchos y de gran variedad. Estas deidades eran veneradas con fines curativos, otros eran invocados por sus poderes para la abundancia en las cosechas, y otros, que eran considerados malignos eran adorados con fines oscuros como la guerra y los ataques enemigos.

De acuerdo con la creencia religiosa olmeca, cada persona posee un espíritu animal que define parte de su carácter. Por esta razón, muchos animales fueron elevados a la figura de dioses, como por ejemplo los sapos, las serpientes y el caimán que, además, eran animales de la región. En algunas representaciones aparecen mezclados entre sí, es decir, el cuerpo de unos con las cabezas de otros, dando origen a los seres sobrenaturales.

Hombre de la Cosecha

Como su nombre lo indica, se trata de una divinidad que representa la fertilidad y la abundancia. Este dios se inmoló para que su pueblo recibiera el sustento necesario para sobrevivir. El pueblo olmeca alcanzó su máximo desarrollo durante la era preclásica media y ejerció gran influencia tanto en el aspecto religioso, como en el social y económico, en las otras regiones de Mesoamérica. El Hombre de la Cosecha es una de las figuras positivas que mayor incidencia tuvo sobre estas culturas.

El Hombre de la Cosecha es una deidad olmeca que representa la fertilidad, no solamente de las tierras, sino también en la persona humana. Al igual que sus congéneres en Mesoamérica, una de sus características más representativas en la hendidura ubicada sobre su frente, señal de que se está en presencia de un dios.

Su origen

En la mitología olmeca el Hombre de la Cosecha tiene su origen en la historia de un joven humano que se ofrece en sacrificio ante los dioses a fin de obtener alimentos para su pueblo. Tras la heroica muerte del muchacho, los dioses escucharon su clamor y los sembradíos comenzaron a dar muchos frutos. Por eso representa la abundancia en las cosechas.

Otros mitos

Según el relato que se dio a conocer en el pueblo de Popoluca, en Veracruz, el Hombre de la Cosecha está considerado como un héroe dentro de esta cultura. También se le llamaba Homshuk, personaje que muere para brindar el alimento a los hombres. Otra de sus denominaciones es “El que brota de las rodillas”.

Los pueblos aztecas, tarascas y tepecanos creen firmemente que de los restos del Hombre de la Cosecha nacen el tabaco y el maíz. Por esta razón, sepultan una figura representativa de este dios en las tierras que serán cultivadas. Por extensión, en el pueblo quiché se cuenta que, luego de ser crucificado, el cuerpo de Jesús se convierte en maíz y otros productos alimenticios.

Monstruo Tiburón

El Monstruo Tiburón es una de las pocas deidades olmecas que tienen como símbolo un animal marino. Sin embargo, es un dios poco conocido y algo incomprendido. Estudiosos de la cultura olmeca aseguran que el Monstruo Tiburón fue determinante durante del proceso de la creación del universo.

Los templos y santuarios olmecas están repletos de representaciones de animales fantásticos con muchos atributos, entre los que se destacan las serpientes, los felinos como el jaguar, las aves, los cocodrilos, algunos insectos y también el tiburón.

Es así como el Monstruo Tiburón aparece como el “único símbolo marino” que aparece en la mitología olmeca, aunque no es muy reconocido entre las deidades de esta cultura. Ciertos relatos indican que este monstruo marino luchó contra un héroe desconocido en los tiempos donde sólo existía agua. Al cortarle uno de sus brazos, se desprendió para dar inicio a la creación de la superficie terrestre. Así se creó la tierra.

Este monstruo marino no es frecuentemente nombrado dentro de las narraciones de la historia olmeca, debido a que no existen mayores datos sobre su existencia. A diferencia de otros dioses, de los que se han encontrado imágenes, relieves o esculturas, del Monstruo Tiburón apenas se han hecho escasos hallazgos.

Como bien se ha dicho, es frecuente dentro de la cultura olmeca la mezcla entre hombres y animales, así como el cruce entre animales de diferentes especies. Los sacerdotes y chamanes aseguraban que los ancestros unían estas dos mitades para fusionar los mejores tributos de cada uno de estos seres.

El tiburón es la representación de la agilidad para cazar, la rapidez, la fuerza y el dominio sobre las aguas. Estas habilidades fueron tomadas por los olmecas para atribuírselas al Monstruo Tiburón, ya que eran cualidades muy alabadas dentro de esta cultura.

Más de la cultura olmeca

La civilización olmeca tiene sus asientos entre el año 1200 a.C. y el año 800 a.C. No obstante, ciertos hallazgos permiten inferir que pudieron vivir hasta el año 100 a.C. Se cree que crearon un lenguaje jeroglífico del cual existen pocos datos, ya que son escasos los documentos olmecas que sobrevivieron hasta la actualidad.

Los territorios ocupados por la civilización olmeca, donde se concentraron sus principales actividades mágico-religiosas, se encuentra entre lo que hoy en día se conoce como los estados de Veracruz y Tabasco, en México. De allí se determina que fueron grupos humanos, provenientes de México y Guatemala, los que se asentaron para dar origen a la cultura olmeca, su mitología y demás prácticas.

Dentro de la cultura olmeca destaca la creencia de que cada persona poseía el espíritu de un animal. Ello hace posible que dentro de este panteón, se encuentren deidades con figuras humanas pero con rasgos animales. Los devotos invocaban a sus dioses para conseguir sus favores, lograr la sanación, la abundancia en las cosechas y otros fines más oscuros. Todas estas divinidades formaron parte del panteón de dioses mesoamericanos que aún mantienen su legado en algunas culturas, principalmente la mexicana.

Importancia de los dioses olmecas

Desde la perspectiva cultural y antropológica, los dioses olmecas representan un elemento interesante para el estudio del origen de las civilizaciones mesoamericanas y de los primeros asentamientos. Ciertamente, la civilización olmeca fue la primera gran cultura de América, un pueblo ancestral sobre el que se asentaron otras grandes civilizaciones, como la Maya y la Azteca.

Esta herencia se hace evidente en su panteón, de dónde se desprenden los elementos primigenios que caracterizaron a las divinidades de las culturas posteriores. Un ejemplo de ello lo representa la Serpiente Emplumada, que parece haber sido una deidad menor dentro de la religión olmeca, pero que trascendió hasta alcanzar protagonismo en las sociedades aztecas y mayas.

Aún se sigue investigando sobre la influencia de la civilización olmeca en todas las culturas mesoamericanas y ulteriores; de hecho, siguen buscándose vestigios que arrojen mayores señales al respecto. Hoy en día se mantienen muchas preguntas alrededor de este pueblo ancestral. Se espera que continúen las investigaciones para poder hablar, con propiedad, sobre sus orígenes y su legado.

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