Conoce a Ixchel, la diosa Maya de la luna y sus secretos

Dentro de la mitología Maya, una de las historias más hermosas es la de Ixchel, una hembra de gran belleza que se transformó en la luna y en la diosa del amor, de la gestación, de la medicina y del trabajo textil. Sigue leyendo este interesante artículo y conoce más sobre este hermoso mito.

IXCHEL

Ixchel en la mitología Maya

En la mitología Maya Ixchel es la diosa de la luna, esposa amantísima del dios Sol, quien era el dador de vida y de todo lo creado. Durante su vida terrenal era una princesa de gran hermosura y, al trascender al plano inmortal, se convirtió en una de las diosas más adoradas por los mayas, pues era la patrona del amor, la medicina, la gestación y el nacimiento, el agua, el trabajo textil y de los trabajadores.

La importancia de esta diosa está estrechamente ligada al poder que ejerce la luna sobre la existencia humana. Por ello, rige todo lo concerniente a los ciclos lunares y lo que es afectado por estos como las cosechas, el ciclo del agua y la fertilidad, entre otros.

Son diferentes las advocaciones que presenta la diosa maya Ixchel, las cuales varían en función de los roles y las representaciones que asuma para atender las necesidades de quienes a ella recurren. Existen imágenes en las que incluso aparece con una araña, esto para establecer una conexión entre lo textil y el cordón umbilical que representa el nacimiento.

Los mayas le rendían tributo a la diosa de la luna y se cree haya sido una de las deidades más queridas dentro de esta cultura. Se cree que la Isla Mujeres, ubicada en México, debe su nombre a la cantidad de devotas que asistía allí a rendirle culto a  Ixchel.

Historia de Ixchel

La historia de Ixchel es un relato mítico de amor y de dolor que se divide en dos partes: antes de ser una diosa, cuando era una simple mortal, y después de ser recibida por las estrellas y transformarse en la diosa luna. Aquí un breve relato de esta fascinante historia.

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Antes de ser dioses

Al principio de los tiempos, las deidades de la mitología Maya eran mortales, hombres y mujeres de carne y hueso que vivían bajo costumbres muy similares a la de las tribus. Al igual que los demás, Ixchel también era humana, una joven de gran belleza, hija de un rey, que destacaba dentro de sus igual, tanto que despertó el amor y el deseo de muchos jóvenes que decidieron pretenderla.

Uno de sus pretendientes era Itzamná, quien no más al verla quedó prendido de Ixchel. El joven buscó por todos los medios conquistar a la bella princesa hasta que lo logró: el amor entre ambos despertó y cada día crecía más. Un día se presentó un príncipe de un lejano reino, quien deseaba rendir honores ante el rey maya, pero, al ver a la joven princesa, también se enamoró de ella y decidió conquistarla.

Al enterarse de que Itzamná también pretendía a la joven comenzaron los enfrentamientos por alcanzar el amor de Ixchel. Por esta razón Ixtab, quien era la hermana mayor de la princesa y desconocía del amor que ésta sentía por Itzamná, tomó una decisión determinante en la vida de Ixchel y sus enamorados: Itzamná y el príncipe extranjero deberían pelear hasta la muerte y quien sobreviviera se quedaría con el amor de la hermosa joven.

El combate se realizó de inmediato, pero por medio de trampas y argucias, el príncipe foráneo asesinó a Itzamná, clavando una espada en su pecho. Cuando vio a su amado morir, Ixchel sintió un profundo dolor y, luego de encomendar su alma a su hermana, acabó con su vida en el acto, por lo que Ixtab se convirtió en la diosa del suicidio. El príncipe tramposo fue maldecido por la diosa, quien lo echó de su territorio, borrando su nombre de toda historia.

Luego de convertirse en Dioses

Al morir, lo jóvenes amantes fueron recibidos por las estrellas, las cuales los llevaron hasta transformarse en dioses: Itzamná es el dios Sol e Ixchel, la diosa luna. A partir de entonces Ixchel ha asumido distintas representaciones así como múltiples apariencias, desde una joven doncella con un conejo, hasta una anciana.

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Asimismo, los espíritus de las doncellas que asistieron a la princesa Ixchel en vida, acompañaron a los enamorados hasta llegar al lugar más elevado del cielo, donde Itzamná desposó a Ixchel, abandonando así sus cuerpos mortales para asumir su nueva condición de dioses. Cuenta la leyenda que el amor que sentía Itzamná era tanto que para demostrarlo separó el día de la noche y se la entregó a su amada, junto a los espíritus de sus doncellas, que se transformaron en estrellas.

¿Qué significa su nombre?

De acuerdo con los documentos que recogen la historia de la civilización Maya, identificados como Chilam Balam, el nombre de Ixchel significa “mujer arco iris”. Se pronuncia Ishchel. En los jeroglíficos encontrados durante varios años de excavaciones, se evidencia que su nombre se escribe Chak Chel o Ix Chel, que traduce “arcoíris grande”.

Dentro de la mitología que encierra la civilización Maya, a Ixchel se le atribuye ser la diosa del amor, de la medicina, de los trabajos textiles, de la gestación y el nacimiento, del agua y, por su puesto, de la luna. Su consorte es Itzamná, el dios del Sol y creador de la vida.

Representaciones de la diosa Ixchel

Tomando en consideración el rol que asuma y la función que represente en cada momento que sea invocada, la diosa de la luna Ixchel se presenta en diferentes advocaciones, con imágenes gráficas y símbolos característicos. Estas son las más conocidas:

Con la muerte

Una de las advocaciones de la diosa Ixchel es la muerte, que se relaciona directamente con enfermedades y destrucción. En este rol, presenta la imagen de una mujer ataviada con símbolos alegóricos a la muerte: una mujer anciana con una vasija, vaciando ira y desolación en el mundo.

Alrededor de su cuello suele aparecer una víbora. Su cabeza está cubierta con una corona hecha de huesos y cráneos humanos. De sus pies salen afiladas garras. En algunas de sus representaciones los restos humanos adornan su falda haciendo la forma de varios crucifijos.

Como dadora de vida

Como diosa de la medicina gestación y el nacimiento se cree que es la encargada de traer a la luz a los recién nacidos; así como tiene el poder de sanar a los enfermos. En la advocación de patrona de quienes hacen trabajo textil aparece con un telar en la cintura. En este rol se le relaciona con la araña que, al tener, va concibiendo una placenta joven, fuerte y fértil.

La civilización Maya, cuando vinculan a la araña con la diosa Ixchel, le atribuyen a la primera el don de crear el hilo de la vida, en una recreación mítica del cordón umbilical y la estrecha relación que tiene con la figura femenina como dadora de vida. Se especula que la popularidad de esta advocación es por el hecho de que fue la habilidad de Ixchel como tejedora la que atrajo a Itzamná.

Ixchel también era identificada como la divinidad de los partos, para lo cual recibía la advocación de Sinal, cuyo nombre traduce “capacidad de las mujeres de dar vida o de dar a luz”. Era invocada al momento del parto  por aquellas mujeres que deseaban dar a luz sin contratiempos y que sus hijos nacieran sanos.

Veneración de Ixchel

Para la civilización Maya, quienes creían en esta diosa y eran sus devotos debían rendirle culto en su templo que se levantó en la ciudad de Cuzamil, puesto que en el lugar había un oráculo. En su mayoría, eran mujeres las que acudían al templo, para invocar a la diosa y rogarle para quedar embarazadas o tener un parto sin contratiempos.

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Los devotos solían presentarle ofrendas como frutas, flores, alimentos pero no se tiene conocimiento de sacrificios animales o humanos. De acuerdo con el calendario Maya, el día de la diosa Ixchel se celebra en el mes Zip y, aún en la actualidad se le rinde tributo tal como lo hacían los mayas en su tiempo.

En la Isla Mujeres también se construyó un templo de adoración para la diosa Ixchel, ubicado en la zona sur del territorio, en una alta montaña donde los visitantes podían observar fastuosos arcoíris que se le atribuían a la deidad. Se cree que los españoles le dieron el nombre a la Isla Mujeres, a causa del mito de circunda a la diosa de la luna.

Para rendir tributo a la diosa, los devotos viajaban en canoas desde el puerto de Poole, que se conoce hoy como Xcaret,  hasta el santuario de Cuzamil. Como se ha explicado, al lugar asistían muchas mujeres jóvenes, en busca del auxilio de la diosa para embarazarse y dar a luz los hijos que sus hombres deseaban.

Se cree que la diosa tomaba bajo su amparo a quienes visitan su santuario en la Isla Mujeres. Hoy en día se celebra anualmente una festividad en honor a Ixchel, tal como se hacía en pleno apogeo de la civilización Maya. La actividad consiste en un paseo en canoa por la playa El Carmen para honrar a la diosa.

Ixchel fue adorada por los mayas, quienes la entregaron como la diosa de la luna por su arquetipo femenino. La fertilidad que representaba iba más allá de la gestación de vidas nuevas, pues trascendía a la tierra, sus ciclos y sus tiempos para cultivar y para recoger lo cultivado. Junto al dios Chaac está vinculada con la lluvia y sus períodos.

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El culto a la luna

Las festividades en honor a Ixchel, en su advocación de patrona de la fertilidad y la medicina, se realizan entre el 21 de agosto y el 13 de septiembre, lo que se corresponde con el mes zip del calendario Maya. De hecho, el calendario maya, que fue llamado Tzolkin o Buc Xoc, tenía 260 días e incluía 13 lunaciones (recorridos de la luna a la tierra) e igual número de signos zodiacales.

En este sentido, la ubicación de la luna en el cielo permitía a los mayas medir el tiempo y, más allá pronosticar cambios ambientales y determinar los días mejor aspectados para cada persona según su signo. También acompañaba a las parturientas al momento que daban a luz.

Curiosidades sobre la diosa

  • La diosa Ixchel también era conocida con el seudónimo “la blanca”.
  • Gracias al amor que se profesan, Ixchel e Itzamná, creador del mundo,  procrearon trece hijos, entre los que se pueden mencionar Ek Chuah, deidad del cacao, la guerra y los mercaderes, y Yum Kaax, divinidad del maíz. Tuvieron, además, tres hijas, las cuales gobiernan el agua, la noche y el paraíso, según la mitología Maya.
  • Para llegar al santuario de Ixchel en Cuzamil, ubicado en la provincia de Ecab, las mujeres creyentes debían atravesar el río en canoas. Los hombres también iban a rendir tributo, principalmente al oráculo, que era reconocido en la región por sus predicciones acertadas.
  • Cuenta la leyenda que cuando una persona de corazón noble fallece, es llevada al cielo por Ixchel e Itzamná, donde se convierte en estrella. De allí deriva la tradición de que, en cada celebración de Fuego Nuevo, los creyentes presentaran ofrendas de toda índole para lograr que la diosa de la luna los perdonara. La creencia indicaba que si en algún momento habían hecho enojar a Ixchel y lograban la indulgencia de la diosa, serían transformados en una de las miles de estrellas que alumbran el cielo.

  • Como parte de un rito de protección para las mujeres embarazadas o que estaban por dar a luz, las hechiceras de la aldea visitaban los hogares de las futuras madres y colocaban imágenes de la diosa bajo sus camas y en varios lugares de la casa.
  • Junto con su esposo, el dios del sol Itzamná, la diosa de la luna tenía su hogar en el Ahua, el cielo para la civilización Maya. Este lar se encuentra en el cosmos y posee nueve niveles, cada uno soportado por los dioses Bacabs (dioses)
  • Los nueve niveles cósmicos tienen como eje central la Gran Ceiba Sagrada. De ella emanan caminos hacia cuatro direcciones, que se corresponden con un color: esté de color rojo, oeste en negro, norte blanco y sur en amarillo. Estas direcciones con sus respectivos colores estaban estrechamente vinculadas con los cuatro destinos del universo.
  • El glifo (grabado maya para identificar los meses del calendario) de la diosa Ixchel es el día Caban.

En la civilización Maya las deidades formaban parte central de su cultura, pues eran éstas quienes determinaban la vida de la humanidad, desde el nacimiento hasta la muerte. El papel de la diosa Ixchel es de suma importancia, pues entre sus tareas estaba la de recibir los espíritus de las personas buenas y convertirlas en estrellas.

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