Las leyendas de Michoacán cortas más populares

Michoaque, Michoacán en lengua original, ha sido desde la época prehispánica centro de de grandes acontecimientos, su gran diversidad cultural, la exuberancia de la naturaleza sirven de caldo de cultivo de una gran cantidad de historias, como ejemplo de esta riqueza he aquí esta selección de Leyendas de Michoacán cortas.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Leyendas de Michoacán Cortas

Las leyendas pueden ser históricas, míticas, de terror o simplemente de humor pero todas en su esencia sirven para enriquecer la cultura y el sentido de pertenencia de los pueblos. Aquí presentamos una selección de ellas

Leyendas Mitológicas

Los mitos son generalmente historias protagonizadas por seres fantásticos, sobrenaturales o por héroes que tratan de dar explicación al por qué de fenómenos naturales, lugares, plantas o animales.

Leyenda La cañada de las vírgenes

En la sierra Madre Occidental entre los recodos de un río se encuentra un hermoso pozo de aguas cristalinas y abundantes peces multicolores, sus tranquilas aguas invitan a refrescarse en ellas, pero muy pocos han sido los osados que se han atrevido a hacerlo porque, según una de las leyendas de Michoacán cortas, los hombres que se atrevían a nadar en el pozo eran jalados por los pies y llevados a las profundidades para jamás emerger.

Según datos históricos en épocas precolombinas en las rocas que bordean el estanque los mexicas realizaban allí los sacrificios de jóvenes vírgenes que las leyes tarascas prohibía realizar en Michoacán. Según los habitantes de la zona las almas de las vírgenes sacrificadas habían quedado atrapadas entre las rocas y las aguas del pozo y ellas eran la causa de la pérdida de los bañistas.

Cuenta una de las leyendas de Michoacán cortas, a finales del siglo XVIII en el año 1795, llegó a Uruapan Carlos de Labastida quien era empleado de los Borbones con la misión de erradicar los cultivos de tabaco que estaban prohibidos por la corona española. Carlos de Labastida en compañía de su hijo Ignacio y de tres ayudantes, recorrieron la zona buscando los mencionados cultivos. Al llegar a la Cañada de las Vírgenes agobiados por el calor decidieron refrescarse en las tranquilas y frescas aguas del pozo.

LEYENDAS DE MICHOACAN CORTAS

Labastida y su hijo entraron al pozo y comenzaron a nadar mientras sus ayudantes lo observaban desde las orillas. De pronto los dos hombres se hundieron en las aguas arrastrados por numerosas manos que los sujetaban de los pies. Quienes los hundieron fueron las vírgenes sacrificadas quienes lo dijeron que ellas deseaban satisfacer todos sus propios deseos pero no podían hacerlo con hombres vivos, por eso les propusieron que sacrifican a sus ayudantes sacándoles el corazón con piedras filosas que se encontraban en la orilla y ellas le perdonaría la vida a ellos.

A los pocos días don Carlos de Labastida y su hijos volvieron a Uruapan y sin despedirse ni dar explicaciones se fueron a Valladolid de allí se trasladaron a la Ciudad de México donde Labastida renunció a su cargo en el gobierno borbónico y se embarcó con su hijo rumbo a España. Al llegar a su ciudad de residencia, Cuenca, don Carlos y su hijo abandonaron a su familia y su riqueza y se internaron en un monasterio.

Según las leyendas de Michoacán cortas algunos años después a orillas de la Cañada de las Vírgenes lugareños encontraron el cuerpo de don Carlos de Labastida colgado en un árbol. Dicen que el hombre decidió volver y lavar sus culpas suicidándose.

Leyendas El Cerro de Mariana

Entre los pueblos de Nocupétaro y Carácuaro al sur del estado de Michoacán esta el Cerro de Mariana. Las leyendas de Michoacán cortas dicen que el cerro surgió debido a una trágica historia de amor. Haces muchos años reinó Campincherán de manera déspota sobre los pueblos Chichimecas y Nahuatlacas que habitaban el valle de Nocupétaro. El rey Campincherán poseía grandes riquezas y una hija que celaba de manera exagerada.

La hija del rey Campincherán se llamaba Marili, era una joven de gran belleza y de mucha tristeza porque su padre siempre la mantenía encerrada a causa de sus celos enfermizos. El rey nunca dejaba a su hija ni a sus riquezas pero debía asistir obligatoriamente a una reunión con mexicas y los señores aztecas. El rey no quería dejar sola a su hija por temor a que en su ausencia se presentara algún pretendiente, tampoco quería llevarla con él los otros asistentes a la reunión podrían interesarse en la bella doncella y él no podría negarse a conceder su mano a otro poderoso señor.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

La solución que encontró fue llamar a un demonio menor que tenía a su servicio a quien él llamaba Satán para que quedara al cuidado de su hija y de su riqueza. Satán no se negó a cumplir sus órdenes a pesar de no tener la autorización de sus superiores para ello y así, confiado, el rey partió a la importante reunión.

A penas la muchacha supo que su padre había partido se acercó a Satán y tímidamente le dijo que ella nunca había tenido amigos y mucho menos un novio a causa de los celos paternos pero que sentía enamorada de él y le rogó que solicitara autorización a sus superiores para casarse.

Satán que, secretamente, siempre se había sentido atraído por Marili se sintió feliz y no lo pensó. Enseguida formó un enorme montón con las riquezas del rey Campincherán puso rocas encima y sobre ellas montó a la joven para que estuviera protegida mientras él acudía a donde sus superiores a solicitar el permiso para casarse con su amada. Cuando los superiores de Satán escucharon la solicitud del joven demonio se enfurecieron nada más pensar que uno de ellos pudiera tener un suegro de la calaña del rey Campincherán.

Los superiores no sólo negaron la autorización para que se casara con Marili sino que además le dieron una paliza y lo encerraron para que olvidara su absurda idea. Marili quedó sobre el promontorio que se convirtió en el Cerro de Mariana y ella en la exuberante vegetación que lo corona. Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que al volver el rey Campincherán, corrió tanto de aquí para allá buscando a su hija que se convirtió en el viento que constantemente recorre la región.

La Leyenda del lago Zirahuén

En las leyendas de Michoacán cortas la creación del lago Zirahuén tiene dos versiones. Una de esta versiones cuenta que una hermosa princesa purépecha estaba enamorada del jefe guerrero de una tribu cercana y este correspondía a su amor. El padre de la joven se enteró del romance de su hija con el guerrero y temiendo que el carácter de la joven hiciera que se revelara si él se oponía de plano fingió estar de acuerdo, solo dijo que el esposo de su hija debería ser un guerrero aguerrido y por eso puso como condición que el jefe derrotara a los jefes de las tribus enemigas.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

El joven aceptó la condición y se enfrentó a los jefes de las tribus enemigas derrotando uno a uno. Cuando hubo derrotado a todos los jefes volvió victorioso a reclamar la mano de su amada, entonces el padre la princesa le dijo “Es cierto, has derrotado a todos los jefes pero te falta derrotar a uno, a mí” El guerrero le contestó “Si es necesario hacerlo, así lo haré” y se preparó para el combate.

La joven princesa se interpuso entre los hombres diciéndole al guerrero que no quería ser la causa de la muerte de uno de los dos hombres que más amaba y le pidió al joven que se fuera. El joven dolorosamente comprendió las razones de su amada y se marchó. El padre lo vio partir con una sonrisa irónica en sus labios, ese había sido su plan desde un principio.

Al notar la mirada de sarcasmo de su padre la joven corrió a buscar a su amado pero no lo encontró. Lo llamó a gritos pero él ya estaba lejos. Subió a un cerro y allí sintiéndose engañada por su padre y abandonada por el hombre que amaba, sus lágrimas fueron tantas que formaron un torrente que el valle se inunda acabando con su aldea y formando el lago Zirahuén.

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que la princesa estuvo a punto de ahogarse pero en cambio se convirtió en sirena que de vez en cuando sube a la superficie y si un desprevenido se ve atraído por sus encantos ella lo lleva a las profundidades siempre en búsqueda de su amor perdido.

Otra versión de la historia contenida entre las leyendas de Michoacán cortas dice que después que el poder de fuego español doblegó la valiente resistencia de los pueblos indígenas, un capitán español llegó al centro de Michoacán y allí conoció a una hermosa princesa purépecha y se enamoró de ella. La siguió cautelosamente hasta su aldea y cuando todos dormían entró a la choza de la joven y la secuestró llevándola a su cuartel y manteniéndola prisionera.

La joven lloraba noche y día porque no quería ser la mujer del conquistador extranjero, rezando a sus dioses para que la liberaran de ese tormento. Tatá Jurhiata, el Padre Sol, y Xaratanga, la Madre Luna, escucharon la suplicas de la joven princesa y con las lágrimas que brotaban incesantes de sus ojos formaron el lago Zirahuén, que en lengua purépecha significa “espejo de los dioses”. Entonces Tatá Jurhiata y Xaratanga convirtieron a la joven en una sirena y así pudo escapar de su captor.

Dicen las leyendas de Michoacán cortas que aún hoy en día la princesa reaparece en las tranquilas aguas del lago Zirahuén y se lleva a las profundidades y ahoga a los hombres que obran mal.

El dios que se convirtió en venado

Según las leyendas de Michoacán cortas hace muchos siglos se enfrentaron sobre el cerro Curutarán en un juego de pelota el Padre Sol Cupanzieeri y el Señor de la Noche Achuri Hirepe. La competencia fue ardua, cada dios se esforzaba por derrotar a su rival. Así el jugo se mantenía sin decisión por largas horas hasta que al acercarse la noche Cupanzieeri fue derrotado por Achuri Hirepe. El vencedor ordenó que el dios derrotado fuera sacrificado en el templo de Xucunan, actualmente Jacona.

Entre el botín recibido por el dios ganador se encontraba la mujer de Cupanzieeri que se encontraba embarazada.  A los pocos meses la mujer dio a luz a Siratapezi, quien fue criado por Cupanzieeri como si fuera su hijo. Así creció el joven haciéndose muy diestro en el manejo de la flecha y de la honda, siendo su principal actividad la cacería que la practicaba generalmente en la cima del cerro Akuntaro.

Un día el joven Siratapezi estaba cazando cuando vio una iguana y cuando ya se disponía a dispararle una flecha, el reptil le habló diciéndole que si le perdonaba la vida él le diría un secreto. Entonces le contó que su verdadero padre era  Cupanzieeri quien fue asesinado por el que hasta ese día el pensaba que era su padre Achuri Hirepe, además le reveló donde estaban los restos de su verdadero padre.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Siratapezi se dirigió al juego de pelota y allí encontró Cupanzieeri los enfrentó y lo derrotó luego lo sacrificó. Desenterró los huesos de su padre los metió en un costal e inició el camino de regreso. Estando en el trayecto descubrió una parvada de codornices y quiso cazarlas, al poner el costal con los restos de su padre en el suelo estos recobraron vida convirtiéndose en un blanco venado sin cuernos con los pelos del cuello y de la cola muy largos.

El extraño venado comenzó a alejarse y mientras lo hacía dijo: “Hijo, mío, algún día volveré y cuando lo haga todo el pueblo se espantará cual parvada de codornices”. Según las leyendas de Michoacán cortas al llegar los españoles los purépecha piensan que se cumplió el pronóstico de Achuri Hirepe.

Suruán y el Diablo

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que muchos años atrás Suruán a quien también conocen como Taretzuruán un cerro de singular belleza por su forma que recuerda a un murciélago ubicado en la meseta Tarasca, una vez se dirigió hasta Paracho a visitar al cerro Marijuata con la intención de pedirle la mano, si ella aceptaba el estaba dispuesto a entregarle toda el agua que necesitará.

Pero a Marijuata le pareció un insulto la petición de Suruán y por lo no solo lo rechazó sino que también lo golpeó con una vara y por eso el cerro tiene el brazo izquierdo más bajo que el derecho.

Entonces Suruán decidió casarse con Cheranguerán que está cerca de Cupatitzio y así le entregaría toda su agua a Uruapan. Pero la idea de Suruán de enviar agua a Uruapan no le gustó al Diablo. Cada vez que Suruán enviaba agua el Diablo le impedía el paso. Suruán estaba preocupado porque comprendía la enorme necesidad que tenían tanto los animales como los seres humanos de Uruapan del vital líquido, pero todos sus intentos eran detenidos por el poderoso Diablo.

Entonces Suruán dejó que unas nubes se formarán, luego les dijo que descargaron todo su contenido sobre su cima y cuando estuvo repleto lo dejó correr por sus pendientes como un gran torrente. El Diablo intentó detener la corriente usando todas sus fuerzas pero resbaló y cayó golpeando con una rodilla una roca tan fuertemente que quedó la marca para siempre justamente donde nace el río Cupatitzio el lugar que desde ese momento se conoce como La Rodilla del Diablo, hoy en día podrán observarlos los que visiten el Parque Nacional Eduardo Ruiz de Uruapan.

El Abuelito y el maíz

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que hace muchos años vivía un ancestro de los otomíes a quien todos conocían como el Abuelito. El Abuelito pidió a Ojá, su dios, que le diera un medio para evitar que la gente sufriera de hambre, entonces el dios le dio varias semillas de maíz. El Abuelito le entregó a su esposa, la Abuelita, las semillas para que ella los guardase en una caja. Para poder sembrar el maíz el abuelito tenía que preparar siete colinas, pero al intentar quemarlas Tsibi, el fuego, no pudo hacerlo.

El Abuelito le preguntó a Tsibi porque no quemó las colinas y este le contesto que necesitaba la ayuda de Dähí, el viento, pero que no sabía dónde estaba, El abuelo le pregunto a la Sirena que todo lo sabía, donde vivía el viento. La Sirena le contestó que Dähí vivía en la colina pero para saber donde estaba debía utilizar carrizos. El Abuelo reunió varios carrizos y les hizo agujeros y cuando el viento pasó por los agujeros el Abuelo supo donde estaba.

Entonces el Abuelo le pidió a Dähí que ayudará a Tsibi a quemar las colinas, pero Dähí le puso como condición que le tocara cuatro sones con los carrizos. El Abuelo así lo hizo y el viento al escuchar la alegre música comenzó a bailar y así esparció el fuego con todas las colinas. Cuando ya las colinas estaban listas para ser sembradas el abuelo llamó a varios peones para que lo ayudaran. Vino la ardilla, el armadillo, el coatí, el jabalí, el tejón y el tlacuache. Todos trajeron morrales para cargar las semillas mientras sembraba excepto la ardilla que las guardaba en la boca.

Ahora la preocupación del Abuelo es que son muchos peones y no alcanzará la comida. Entonces Sirena le dijo que hacer: en agua de nixtamal puso cuatro semillas de maíz y las tapó bien. Al poco tiempo se convirtieron en veintiocho elotes con los que hizo tortillas. Puso cuatro tortillas en una cesta tapada y en poco tiempo se multiplicaron. Así el abuelo invitó a comer a todos los animales. Por eso ellos siempre van a las milpas buscando comida.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Leyenda de la Flor de Cempasúchil

Xóchitl y Huitzilin eran dos jóvenes aztecas que se conocían desde que eran niños. Y desde niños su relación fue más que pura amistad. Siempre estaban juntos jugando, paseaban y se bañaban en el río siempre juntos. Y al hacerse mayores su amor creció en la misma proporción. Xóchitl estaba tan enamorada y se sentía tan feliz que todas las tardes subía la montaña a agradecerle al dios del sol Tonatiuh. Ambos subieron la montaña para poner al dios como testigo de su juramento de amarse hasta la muerte y más allá.

Pero un día estalló la guerra y Huitzilin tuvo que cumplir con su deber e ir a luchar. Era la primera vez en toda su vida que se separaban. Xóchitl estaba muy preocupada. Lamentablemente al poco tiempo se recibió la noticia que Huitzilin había sido herido en el campo de batalla y posteriormente había muerto.

Desbastada por la noticia Xóchitl subió a la montaña y allí entre lágrimas y sollozos le pidió ad dios del sol que la uniera eternamente con su amado. Tonatiuh se apiadó de sus lágrimas y la transformó a la joven con sus rayos en una hermosa flor de cempasúchil de intenso colorido, además convirtió a Huitzilin en colibrí y este vino enseguida a besar a su amor y a libar su dulce miel.

Camécuaro, el lago de lágrimas

El Camécuaro es un pequeño lago al cual rodean sabinos seculares, de aguas claras y puras, provenientes de innumerables manantiales, que reflejan la luz solar. Su nombre en la lengua de los purépecha significa “lugar de la amargura oculta” y este nombre se debe a que, según las leyendas de Michoacán cortas, este hermoso lago tiene su origen en una historia de amor.

Tariácuri era el fundador del imperio Purépecha cuyo territorio se extendía por lo que hoy conocemos como el estado de Michoacán y parte de los estados de Jalisco y de Guanajuato. Este rey tenía un sobrino llamado Tangáxoan que estaba enamorado perdidamente de la princesa Juanita quien le correspondía con fervor.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Pero la bella princesa también era codiciada por el impío sacerdote Candó, quien la secuestró y se la ocultó en un adoratorio de Cutzé ubicado en una yácata (templo de forma piramidal) cercana al río. Huanita lloró amargamente su destino con tanta abundancia que formó el lago Camécuaro.

Tangáxoan buscó incansable a su amada hasta que descubrió donde la tenía oculta, al acercarse al lugar vio a lo lejos a Candó tensó su arco y le disparó una flecha que atravesó al sacerdote y se clavó en un sabino el cual se partió en dos y desde su interior brotó un manantial de aguas verdes.

El Coyote del lago Camécuaro

Hace muchos años, en el inicio de los tiempos, cuando los hombres aún no caminaban por el mundo, cuentan las leyendas de Michoacán cortas, que el coyote tenía la piel dorada brillante como el sol y era suave como la de un pollito, en esos tiempos el coyote era hermoso y por su belleza era considerado como el príncipe y el soberano de los animales.

El coyote miraba todas las noches su imagen reflejada en el lago Camécuaro y quedaba satisfecho con lo que miraba. También se sentía feliz de la belleza del lago de tanta abundancia que le rodeaba y de tanta bondad de los dioses al entregársela. También miraba al cielo y admiraba primero nana-cutzi (la luna) y luego a todas las estrellas que adornan el firmamento.

Una noche en que, como cada noche el coyote admiraba el cielo, notó un pequeño puntito brillante que apareció de pronto en el cielo. Pero cada noche el puntito crecía y al crecer se notó que tenía forma de serpiente de fuego, pero otra veces parecía una mujer con una larga y brillante cabellera, que vanidosa le gustaba que la admiraran. Su belleza crecía y crecía hasta que opacó con su brillo a las demás estrellas y hasta a la madre nana-cutzi.

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Todos los astros del cielo comenzaron a molestarse porque la aparición de esta intrusa opacaba su belleza, hasta nana-cutzi que siempre tuvo la cara blanca y brillante ahora, por el disgusto, le aparecieron manchas en la cara y su luz dejó de ser brillante para ser una luz pálida.

El Gran cazador del cielo opinaba que no había que preocuparse, que la intrusa pasaría como pasan los cometas que traen calamidades. Su belleza opaca y atraerá la mirada de todos en el cielo y en la tierra por un tiempo pero luego todo quedará como estuvo antes de su aparición.

Pero el coyote no estaba de acuerdo con la opinión del Gran cazador del cielo nocturno pues notaba que hasta la tierra estaba afectada por la aparición de la intrusa, los barrancos se hacían más profundos o desaparecen de repente, las montañas chirriaban, las agua se evaporaban, nuevos volcanes hacen erupción, los animales andaban asustados y confundidos, olvidándose de donde era su hábitat.

El coyote, decidido, subió al Pico de Tancítaro, que es el más alto de Michoacán, y airadamente habló la nueva estrella diciéndole “¿Quién eres? ¿Cómo osas perturbar la paz de nuestro cielo? ¿Porque estremeces nuestra tierra? Todos los habitantes del cielo esta molestos por tu llegada. Has ofendido a nuestra madre nana-cutzi. Eso nosotros los animales no lo toleraremos y nunca te adoraremos como adoramos a nana-cutzi. Por eso queremos que te vayas ya”.

La estrella refulgente volvió la mirada desdeñosa al coyote lo contestó así. “¿Quién eres insignificante cuadrúpedo? ¿Cómo me hablas así, habitante de cuevas? ¡Ni siquiera a los dioses permito que me hablen así! Por tu atrevimiento a partir de hoy no volverás a hablar y solo podrás aullar para pedir alimentos.

Con lo que le quedaba de voz el coyote alegó que él era amigo de todas las estrellas y que seguirá hablando con ellas todas las noches y que la única reina del cielo es nana-cutzi.

La estrella le respondió: “Pronto comprenderás que así como soy bella también soy cruel con quienes me ofenden. Yo pronostico sufrimientos y calamidades. A partir de mi aparición todo cambiará. Mi belleza no será ignorada porque para unos seré beneficiosa pero para otros una maldición. Porque soy citlalmina(estrella con flechas).

Leyendas populares

Algunas leyendas nacen de la imaginación de los pueblos y se van transmitiendo de boca en coca hasta convertirse en parte importante de la cultura regional.

Leyenda La fuente del ángel

En la Ciudad de Morelia, anteriormente Valladolid, en la calle García Obeso esquina con Guerrero, que antiguamente se llamaban del Tecolote y del Alacrán, existe una fuente que fue construida por el cabildo de la ciudad en el siglo XIX en el año 1871. Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que un día una señora que paseaba con su pequeña hija cerca de la fuente y se encontró con unas amigas y comenzó a relatarles las maravillas que vio en un viaje que había realizado recientemente a España.

La conversación se prolongó y la niña sintió sed y así lo manifestó a su madre y esta le dijo que esperase a que llegaran a su casa. Continuó la animada charla por un rato y la hija insistió en que tenía mucha sed, la madre, que estaba en lo más interesante de su relato, le dijo a la niña que bebiera agua de la fuente. La niña se acercó a la fuente con tan mala suerte que perdió el equilibrio cayendo al agua.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

La niña gritó pero la madre no la escuchó al principio pero al volverse a buscarla comprendió lo que había pasado y comenzó con sus amigas a dar gritos desesperados pidiendo ayuda. Cuando la niña estaba a punto de ahogarse, de pronto, para asombro de todos los presentes un ángel bajó, del cielo rescató a la infante y la puso en brazos de su madre. A partir de ese día la fuente fue llamada La Fuente del Ángel.

El Callejón del Muerto

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que en la calle Fray Antonio de la Veracruz, al norte de la iglesia de San Francisco de Valladolid hay una casa abandonada en la que nadie quiere vivir y ni siquiera visitar porque allí aparecen a cualquier hora del día espeluznantes asesinatos que amedrentan al más valiente.

Doña Inés de la Cuenca y Fraga era una bella, ingenua y caritativa mujer que al quedar huérfana de padre y madre heredó una de las más ricas haciendas de Tierra Caliente. Don Diego Pérez de Estrada recorría toda Nueva España como mercader textil, al llegar a Valladolid y conocer a doña Inés y su riqueza estaba seguro de haber encontrado la mujer ideal para casarse. Doña Inés por su parte pronto se sintió atraída por los galanteos amorosos de don Diego y cuando este le propuso matrimonio se sintió la mujer más feliz del mundo.

Sin embargo, a pesar de su inocencia, doña Inés sabía que esa era una decisión muy importante que debía tomarse con mucho cuidado, por eso prefirió primero acudir ante su consejero espiritual fray Pedro de la Cuenca para que la orientara sobre la difícil decisión. El sabio religioso no se apresuró en su consejo sino que se tomó su tiempo para investigar profundamente la situación y tras concluir concluyó que don Diego era una persona poco fiable y que su interés por doña Inés solo era por su riqueza material.

Doña Inés aceptó el consejo del fraile y decidió no casarse. Don Diego enfureció por el rechazo y conociendo la intervención de fray Pedro juró que el “maldito consejero” pagaría por esto. Para llevar a cabo sus planes desmontó su tienda y rentó una casa en la calle Fray Antonio de la Veracruz cercana al cementerio de la iglesia de San Francisco. Una oscura noche se cubrió con una roñosa manta y llamó a la puerta del templo y dijo ser un vagabundo que se sentía morir y deseaba confesarse ante fray Pedro y lo esperaba.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Fray Pedro de la Cuenca era un hombre piadoso que nunca se negaba a asistir a cualquier pecador descarrilado que necesitara su ayuda por eso corrió presuroso en busca del supuesto moribundo. Se acercó al hombre que estaba cubierto por la manta, sentado en un rincón del callejón y le preguntó por sus pecados, al no recibir respuesta descubrió la cara del hombre y para su asombro vio el rostro de don Diego ya muerto y con una daga en la mano.

A pesar de las exhaustivas investigaciones nunca se supo la causa de la extraña muerte. Cuentan en las leyendas de Michoacán cortas que a partir de ese día el sitio comenzó a conocerse como “el callejón del muerto”

La Ventana del Muerto

Hace muchos años cuando Morelia aún era conocida como Valladolid, en el convento del Carmen vivía fray Jacinto del Ángel cuya responsabilidad, devoción y entrega al creador nadie ponía en duda. Sin embargo fray Jacinto era un bromista incorregible. Siempre estaba ideando las bromas más pesadas e inverosímiles para burlarse de sus compañeros y divertirse a costillas de ellos. Sonaban las campanas a destiempo, revolvía las partituras del organista, inventa apodos a los demás frailes.

Recibió innumerables reprimendas y amonestaciones de sus superiores, fue recluido e incluso recibió castigo corporal pero nada hizo mella en su afán de divertirse con sus continuas y pesadas bromas. Si no fue echado del convento fue porque todos reconocían su extraordinaria devoción y fe.

Un día, víspera de navidad, murió luego de una larga y penosa enfermedad fray Elías de Santa Teresa. Las celebraciones navideñas se realizaron de como se acostumbraba y luego los monjes volvieron a velar al difunto. Después de rezar y dar los respectivos sacramentos se retiraron a descansar dejando en vigilia a fray Juan de la Cruz y al bromista fray Jacinto del Ángel.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Para soportar mejor la vigilia nocturna que les esperaba fray Juan fue a preparar un poco de chocolate caliente, entonces fray Jacinto preparó una de sus acostumbradas bromas. Saco del ataúd el cuerpo del difunto. Lo sentó en una silla y ocupó su lugar dentro de la caja.

Cuando fray Juan volvió se sentó al lado se quien creía era el fray bromista y le extendió la tasa con la aromática bebida, al ver que el otro no reaccionaba volvió la mirada y descubrió horrorizado que era el muerto, lanzando un grito arrancó a correr, fray Jacinto entre carcajadas salió del ataúd y corrió tras él, pero, asombrosamente fray Elías se levantó de la silla y corrió a su vez tras ellos.

Los frailes corrieron despavoridos hasta que una ventana se atravesó en el camino y no les quedó más remedio que saltar por ella, pero antes de salta fray Elías alcanzó a fray Jacinto y apagó una vela en su cuello. Al día siguiente cuando los frailes se levantaron encontraron el cadáver de fray Elías doblado sobre el pretil de la ventana.

Fray Jacinto, ahora con una cicatriz en su cuello producto de la vela nunca más en su vida volvió a hacer alguna broma. Cuentan en las leyendas de Michoacán cortas que en la que ahora es la Casa de la Cultura se puede ver a fray Elías caminando por sus pasillos.

Leyenda de la Barranca del Diablo

Según las leyendas de Michoacán cortas el Diablo siempre molestaba y hacía maldades, algunas crueles a quienes transitaban por la carretera que une a Uruapan con Apatzingán. San Pedro se cansó de este abuso y decidió acabar con esto y persiguió al Diablo para darle un castigo.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Cuando san Pedro supo que el Diablo se escondía en los barrancos de Lombardía salto hacia el barranco, al saltar apoyó un pie en la baranda natural que bordea la carretera dejando la marca de su sandalia. El Diablo cayó al fondo del barranco y de allí no lo deja salir san Pedro.

Pero el Diablo sigue intentando escapar y en cada intento frustrado se enfurece más y lanza bocanadas de fuego que causan un gran aumento de la temperatura en toda la zona, llegando incluso a ser la causa de que algunos automóviles se incendien. Dicen las leyendas de Michoacán cortas que a ciertas horas de la noche lanza grandes llamaradas donde se puede ver la figura del Diablo. Por eso los pobladores evitan desplazarse a por ahí a esas horas.

El anillo de Doña Alba

Doña Alba era una bondadosa y adinerada anciana. Doña Alba tuvo en su larga vida todo lo que quiso lo único que no tuvo, y era lo que más ansiaba fue un hijo. La anciana era una mujer muy religiosa y siempre estaba pendiente de sus deberes religiosos, también era caritativa y destina gran parte de su fortuna a obras de caridad, a financiar orfanatos y hospitales.

Pero doña Alba sentía que su hora ya se acercaba por eso dejó todo dispuesto para que, una vez muerta, su fortuna fuera repartida a los pobres y en obras de caridad. Después se dispuso a esperar tranquilamente a la muerte. En fin, había vivido una buena vida y no tenía nada de qué arrepentirse, no le temía a la muerte. Llegó el día y la doña se apagando lentamente como una vela que se consume.

Ese día doblaron las campanas de la iglesia en honor a la bondadosa señora. Después del velatorio doña Alba fue llevada a enterrar en el cementerio del pueblo. Después de las consabidas ceremonias el cuerpo fue enterrado, pero uno de los sepultureros se dio cuenta que la doña fue enterrada con un enorme anillo con esmeraldas y así se lo comunicó a su compañero.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Esa noche, cerca de la medianoche para evitar miradas indiscretas, los sepultureros volvieron y con mucho esfuerzo desenterraron el cuerpo de doña Alba, pero cuando quisieron sacarle el anillo no pudieron, tras varios intentos decidieron cortar el dedo para así poder sacar la valiosa joya.

Enterraron otra vez el cadáver y ya se dirigían a la puerta cuando se les s atravesó en el camino el cuerpo de doña Alba apuntando con el resto ensangrentado del dedo amputado al enterrador que cargaba el anillo quien al instante cayó al suelo como fulminado por un rayo mientras el otro corría desesperado. Fue este último quien narró lo sucedido antes de ingresar a la casa de salud mental donde quedó recluido sin recobrar la razón jamás

Leyendas de Espantos

Entre las leyendas los fantasmas, espantos y aparecidos tienen un lugar destacado en el imaginario popular, casi siempre con un objetivo aleccionador.

Leyenda de La cueva de la Tigra

Existe una gruta en el Cerro de la Mesa que recibe el nombre La cueva de la tigra ya que allí se escondía un enorme felino que asolaba al ganado de los rancheros de la zona. También cuenta una de las leyendas de Michoacán cortas que en esa cueva existe un inmenso tesoro esperando solo por un valiente que se atreva a adentrarse en ella a reclamarlo.

Se cuenta que hace muchos años un valiente lugareño decidió explorar la cueva. Con mucho esfuerzo se arrastró por un estrecho túnel de más de cincuenta metros, luego descendió por una especie de escalinata que se formó naturalmente sobre las húmedas rocas, luego vio unas escaleras de aspecto antiguo que lo llevaron a una bóveda natural en una parte plana del terreno. Para su asombro un enorme montículo de monedas de reluciente oro apiladas. Emocionado llenó dos costales que llevaba con todas las monedas que pudo.

LEYENDAS DE MICHOACÁN CORTAS

Debido al peso de los costales decidió sacar primero uno de los costales y luego volver por el otro. Cuando ya comenzaba el regreso con su pesada y valiosa carga escuchó una voz femenina que melosamente le decía “Si deseáis retirar el oro de la cueva primero tendréis que tomar una copa en mi compañía”.

Al volver la vista a donde provenía la voz pudo mirar una pequeña mesa redonda mesa muy bien adornada donde había una botella de vino y dos copas, sentada a la mesa había una mujer de una belleza extraordinaria con una larga cabellera de ébano que le llegaba al piso, vestida con un elegante traje negro que contrastaba con la blancura de su piel. La mujer fumaba un largo y fino cigarrillo y por una abertura del vestido se veían unas largas y bien torneadas piernas cruzadas una sobre la otra.

El hombre, que no se acobardaba fácilmente, se acercó diciéndole “Aceptó la propuesta, solo llena las copas”. La bella mujer insinuó una sonrisa en sus rojos labios y, sin quitarle la vista al hombre sirvió el vino en las copas.

Luego haciendo un gesto de brindis se llevó la copa con el rojo líquido a los labios, el hombre hizo lo mismo pera antes de que pudiera tomar una gota vio horrorizado como los delicados pies de la mujer se transforman en patas de cabra, sus ojos comenzaron a brillar cual brasas encendidas y el rostro adquiere el aspecto de un murciélago mientras se escuchaba una cruel carcajada.

El explorador quedó paralizado por unos segundos y solo pudo gritar “¡Sálvame, Dios mío!” Recuperó el movimiento y le lanzó la copa a la mujer la cual desapareció junto con el oro luego de una explosión solo dejando un espeso humo de fétido olor. El hombre huyó despavorido sin volver la vista atrás. El hombre llegó a su casa y estuvo en un profundo shock por más de un mes, pasado ese tiempo fue cuando pudo moverse y hablar y contar su experiencia en la Cueva de la Tigra.

La llorona

Aunque esté incluida entre las leyendas de Michoacán cortas, la historia de La Llorona se ha extendido por todo México e incluso, hoy en día, por toda la América hispana. Se cuenta que desde épocas coloniales por las solitarias calles nocturnas del centro de la ciudad deambula una mujer extraordinariamente delgada con un largo vestido blanco, aterrorizando con su aguda voz y su espantoso lamento:

-¡Mis hijos…! ¡Los he perdido! ¿Quién puede ayudarme? ¡Ay, mis hijos!

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que una mujer de origen indígena amaba con locura a un caballero español de alta alcurnia. Tanto lo amaba que le dio tres hijos y esperaba con ansias el día en que él decidiera por fin casarse. Pero el caballero siempre encontraba una excusa para retrasar el compromiso y le decía que mientras tanto debían mantener el romance en secreto.

Pero el español tenía otros planes, pensando solo en su propio interés y en los convencionalismos sociales se olvidó de la indígena y de sus propios hijos y se casó con una dama española de su mismo nivel social. Cuando la mujer se enteró llena de furia y desesperación dejó de pensar claramente y llevó a sus hijos a la orilla de un río y allí los ahogó pensando que sería lo mejor para ellos ante la alternativa de crecer sin padre y repudiados por la sociedad. Pero enseguida se arrepintió de su acto y ella misma se lanzó al río para ahogarse.

Pero su alma no encontró calma con su suicidio por eso comenzó a vagar por las calles en busca del perdón y de sus hijos. Los lugareños que oyeron los lúgubres lamentos la llamaron La Llorona:

-¡Ay, mis hijos!

Otras versiones del mito le dan un origen precolombino y cuenta que sacerdotes aztecas vieron la aparición de la mujer flotando sobre las aguas del lago de Texcoco que se lamentaba pero no por la desaparición de sus hijos sino porque auguraba el fin del imperio mexica bajo el poder de los invasores españoles. Incluso una versión dice que la llorona es La Malinche que arrepentida por la traición a su pueblo vaga como alma impenitente.

El Ánima del Molino

Cuentas las leyendas de Michoacán cortas que don Pantaleón tenía un compadre que era vigilante del molino de Santa Rosa, quien vino a visitarlo una tarde con una preocupación. Le dijo que estaba pensando renunciar a su trabajo porque todas las noches se le aparecía un espanto que lo dejaba petrificado y que le decía algo pero en no lo entendía.

Don Pantaleón le dijo que tal vez el muerto solo quería entregarle o decirle donde esta algo valioso, que tal vez era su hora de salir de abajo y le aconsejo tratar de averiguar las intenciones del espanto y se ofreció a acompañarlo.

Efectivamente esa noche se encontraban a los dos compadres en el molino. A las doce de la noche en punto apareció el espanto. Era un hombre adulto vestido a la usanza antigua que les dijo con señas que lo siguieran. Aunque muertos de miedo ambos compadres siguieron la aparición. Después de caminar un rato el muerto se detuvo cerca de un árbol le indicó un lugar y luego se desvaneció sin decir nada. Al recobrar el aliento don Pantaleón y su compadre fueron al molino buscaron un pico y una pala y volvieron al sitio donde desapareció el muerto.

Comenzaron a cavar donde les indicó la aparición y después de un buen rato encontraron una olla llena de monedas de oro. En ese instante quedaron petrificados al escuchar una voz profunda y tenebrosa que les decía: “Sáquenme sin ambición y sin que le pegue la luz del sol».

Después de sacar con mucho esfuerzo la olla del agujero se sentaron a descansar y comenzaron una plática. El compadre le dijo que ahora que era rico no trabajaría nunca más, que contrataría a otros para que trabajaran para él y se vengaría de las humillaciones que sufrió como empleado haciéndoles lo mismo que le hicieron a él. Que buscaría montones de “viejas” y parrandear todos los días. Para aumentar su fortuna prestaría a rédito y así se quedaría con las propiedades de quien no pudiera pagar.

A don Pantaleón no le gustaron las intenciones de su compadre y sin comentar sobre eso le dijo que mejor continuaban ya que faltaba poco para amanecer y la aparición dijo:”sin ambiciones y sin que le pegue el sol”. Se dispusieron a retirarse pero al tratar de mover la olla esta se había puesto extremadamente pesada, se esforzaron en moverla por mucho rato pero al salir el sol sólo la habían movido unos pocos centímetros. Destaparon la olla que habían cubierto con sus ropas para ver con desilusionados ojos como las monedas de oro se convertían en carbón.

El Callejón del Brinco del Diablo

Cuentan de las Leyendas de Michoacán cortas que una noche, como cada noche, Raquel esperaba en su balcón, ubicado cerca del río Lerma, la llegada de su enamorado Ruiz, un charro de hermosa voz. La pálida luz de la luna iluminaba su bella figura, ya eran las doce de la noche, estaba impaciente por su deseo de verlo y aunque el venia desde el lejano Yurécuaro ella confiaba en su destreza como jinete y en la velocidad de su fiel alazán.

Miraba la solitaria calle iluminada por la luz lunar y solo se oían las aullidos de los perros que esa noche en particular estaban muy agitados. De pronto escuchó el rítmico caracoleo de las herraduras de un caballo que se acercaba. Al instante vio aparecer en la esquina la gallarda figura de un jinete montado en una briosa cabalgadura. El jinete avanzó hasta llegar al balcón de Raquel y allí se detuvo. Luego de unos segundos se dirigió a la joven diciendo:

-¡Mi amada Raquel! Ya estoy aquí. Me he retrasado y si me escuchas te diré el porqué

La hermosa muchacha se estremeció. Al mirar la cara de Ruiz notó algo diferente en él, algo que no sabía explicar, pero que  que le parecía macabro y espantoso y así se lo manifestó diciéndole luego:

-Te ruego que te vayas, Ruiz. Estoy asustada y quiero rezar.

El jinete le respondió con repentina furia:

-¡Cállate! ¿Qué me vaya? ¡No me iré sin ti! ¡Tú serás mía para toda la eternidad! ¿Lo entiendes? ¡Eternamente! ¡Así lo decidí y nada podrá evitarlo! ¡Ni siquiera los cielos!

Entonces se escuchó el sonido melodioso de una guitarra y una hermosa voz varonil que entonaba un madrigal, Raquel la reconoció enseguida ¡Era la voz de Ruiz! Era la voz que siempre la enloquecía de amor. Pero si el que se escuchaba era Ruíz ¿Quién era el que estaba a su lado?

Era el diablo, que tomándola súbitamente por la cintura y arreando a su montura dio un formidable brinco que superó fácilmente las paredes que cercaban al callejón y rápidamente se perdió entre las brumas que surgían del cercano río. Desde ese día en las Leyendas de Michoacán cortas se conoce ese lugar como “El Callejón del Brinco del Diablo”.

La misa de los espectros

Eran las dos de la mañana y todos descansaban plácidamente en la lluviosa y fría noche, cuando de pronto se oyeron las campanas del templo de la Purísima llamando a misa. Los fieles que escuchan el llamado se estremecen y se persigna y piden a Dios por el descanso eterno de las ánimas benditas que a horas tan desacostumbradas convocan al santo oficio.

Una piadosa mujer de férreas creencias religiosas y totalmente entregada al servicio de Dios escuchó el llamado a misa y sin importarle la hora se dirigió a cumplir con su sagrado deber. El llegar encontró que el templo estaba totalmente colmado de personas, entró al templo buscó un lugar y arrodillándose sacó su libro de oraciones.

La mujer se concentró en sus oraciones y en ningún momento miró a su alrededor. Al finalizar el oficio la piadosa señora se levantó de su lugar y fue entonces que con gran asombro se percató que tanto el sacerdote como el monaguillo y los fieles no eran personas vivas sino almas de difuntos que suplicaban para que se les concediera el descanso eterno.

Luego la religiosa mujer le contó al sacerdote de su parroquia con lujo de detalles todo lo ocurrido esa noche. El párroco dedujo que el sacerdote oficiante sería un cura que quedó en deuda con algunas misas y cumplía con su deber oficiando una misa ante los espectros.

La Leyenda del Jinete sin Cabeza

Carmelo era un hombre trabajador por eso a las cuatro de la mañana ya se encontraba regando su parcela en el barrio El Camichin junto a su fiel perro Canelo. Estando en estas labores escucho un caballo que se acercaba y aunque le pareció raro que alguien anduviera por ahí a esas horas sin levantar la vista dio los buenos días, al no recibir respuesta volteo la cabeza y no vio a nadie, solo Carmelo ladrándole a la oscuridad. Inquieto por lo sucedido volvió a su casa en la calle Justo Sierra y durante la cena le contó a su mujer lo sucedido, ella no le dio importancia.

Por varios días no ocurrió nada extraño. Un día cuando, en compañías de Canelo, después de regar la parcela como todas las madrugadas, volvía a su casa por la calle Santos Degollado vio a un caballo desbocado que corría velozmente hacia él, para mayor asombro notó que las patas del animal no tocaban el piso, cuando ya casi lo embestía desapareció. Quedó petrificado por un buen rato, cuando se recuperó entró a su casa y se acostó.

A su mujer le extrañó verlo acostado a esa hora y cuando lo despertó vio lo pálido de su cara y le preguntó qué le pasaba. Carmelo le contó lo que le pasó y esta vez la mujer si se asustó. Cuando vio que Carmelo se disponía a salir le dijo que no volviera a la milpa, pero él no le hizo caso.

Cuando llegó a la parcela ya comenzaba a caer la noche, de pronto sintió los pasos de un caballo, al volver la mirada vio un imponente caballo blanco y sobre él un jinete vestido de charro y, aterrorizado notó que no tenía cabeza. Carmelo se armó de valor y preguntó al espanto:

-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?

Se hizo un silencio. Carmelo quería escapar pero no podía moverse. De pronto una grave voz, que parecía salir de lo profundo de la tierra dijo:

-Soy Joaquín Murrieta. Seguro has oído de mí. Escucha bien mis palabras. Hace muchos años enterré un tesoro en esta parcela. Quiero que sea tuyo pero con una condición.

-¿Cuál?

-Lo debes desenterrar tú. Si otra persona lo hace, morirá y tú junto con ella.

Es espanto no dijo nada más y se esfumó misteriosamente. Carmelo estuvo un rato sin moverse, tratando de recuperar el aliento. Cuando lo logró, subió a su camioneta y bajó al pueblo. Carmelo estaba emocionado y feliz. No pudo resistir contarle a todo el que se encontraba de lo que le había pasado. Después de reunir las herramientas necesarias volvió a la parcela. Esta vez no estaba solo, lo acompañaba un grupo de hombres.

Al llegar todos comenzaron a cavar donde mejor les pareció, a Carmelo no le importo que destrozaran su plantación. Después de varias horas uno de los hombres gritó que lo había encontrado, todos corrieron hacia él y con gran algarabía desenterraron montones de monedas, joyas y otros objetos todos de oro o de plata.

De pronto de la nada apareció el jinete, fue entonces cuando Carmelo recordó la condición. El caballo se levantó sobre las dos patas traseras y al caer lo hizo con tanta fuerza que la tierra se hundió llevándose a los hombres a lo profundo. Carmelo rogó por ello pidiendo al jinete que lo castigará a él y no a sus compañeros que eran inocentes. Pero fue inútil, todos sus amigos fueron tragados por la tierra y el jinete se desvaneció.

Carmelo volvió a su casa, no dijo nada a su mujer, se sentó a la entrada y allí, sin hablar, sin comer y sin moverse estuvo muchos días hasta que murió. Cuentan las Leyendas de Michoacán cortas de Joaquín Murrieta todavía cabalga por esas tierras buscando a alguien digno de su tesoro.

Leyenda del padre sin cabeza

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que hace muchos años un sacerdote recién llegado a un convento de la ciudad tuvo que hacer solo la mudanza a su nuevo claustro. Era una tarde calurosa, su hábito era grueso y pesado, además el arduo trabajo le tomaba mucho tiempo, ya estaba oscureciendo y decidió descansar un poco. Caminó por el patio hasta llegar a las escaleras que conducían al campanario. Se sentó en un peldaño a disfrutar de una fresca brisa y cerró los ojos y se arrulló con el canto de un tecolote.

Fue tanto el alivio que sintió adormilarse un poco, pero súbitamente escuchó un lastimero quejido, enseguida abrió los ojos y trató de distinguir en la profunda oscuridad que ya reinaba de donde provenía el sonido. La vela que traía se había apagado por la brisa, así que trato de por medio del oído llegar a la fuente del quejigo. Así avanzaba por el patio con las manos adelante tanteando el ramaje de la vegetación.

De pronto sintió en sus manos algo que no era vegetación, se sentía como una tela vieja y desgastada. Utilizó ambas manos intentando descubrir con el tacto las formas de lo que estaba tocado. Inexplicablemente una tenue luz comenzó alumbrar el objeto que tocaba.

Entonces pudo descubrir que lo que tocaba era un cuerpo cubierto con un hábito, también descubrió horrorizado que el cuerpo no tenía cabeza. El sacerdote quedó petrificado por unos segundos al final de los cuales emitió un grito y comenzó a correr mientras el monje decapitado lo perseguía pidiéndole que le devolviera su cabeza.

La Dama de la Cascada

En Tepuxtepec se encuentra la Cascada de El Salto, un lugar solitario y de una tranquila belleza que invita a disfrutar del ambiente pero que muy pocos se atreven a hacerlo ya que según las leyendas de Michoacán cortas en este apacible paraje ocurren eventos misteriosos.

Un grupo de jóvenes decidió desafiar el peligro yéndose a bañar una noche al sitio a pesar de que conocían las leyendas que se contaban sobre el lugar. Todo era cantos, risas y diversión para los muchachos que disfrutaban de las frescas aguas bajo la luz de una hermosa luna llena.

Ya bastante tarde vieron una figura que se acercaba, mientras se acercaba pudieron ver que se trataba de una mujer con un largo vestido blanco. Los rasgos del rostro de la mujer eran muy bellos, tenía una cabellera de un negro intenso que le llegaba por debajo de la cintura y su piel era muy blanca, casi transparente, bajo el tenue vestido se notaba un cuerpo bello y voluptuoso.

Al ver que estaba cada vez más cerca los muchachos se entusiasmaron pensando que tal vez la mujer se animara a bañarse en el río como lo hacían ello, totalmente desnudos. Entonces notaron que la mujer no caminaba sino que levitaba, también que estaba llorando con triste y lastimosa voz. Los muchachos se sentían confundidos escuchándola. Cuando de repente la mujer lanzó un agudo chillido propio de un animal que heló la sangre a los jóvenes.

Todos corrieron despavoridos huyendo de la espantosa aparición olvidándose de todo, incluso de sus ropas. Al día siguiente todos los muchachos se sintieron mal, sufrían delirios, no podían comer ni dormir y si a fuerza de calmantes lo lograban, entonces sufrían terribles pesadillas. Después de algún tiempo todos los jóvenes se recuperaron pero ya nunca quisieron volver a la Cascada de El Salto.

La Chorca, la mujer lechuza

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que la Chorca era un nahual vampírico que succiona la sangre a sus víctimas especialmente niños recién nacidos. Se dice que la mujer lechuza es una persona normal durante el día y durante la noche se transforma gracias a los poderes otorgados por el Diablo en una criatura con alas con las cuales se traslada rápidamente de pueblo en pueblo. Según los mitos existen muchas chorcas.

A las afueras del pueblo, en camino que lleva a las montañas vive una mujer de aspecto joven y de hermoso rostro, es delgada y su piel es muy pálida. Las mujeres del pueblo dicen que es bruja porque nunca envejece. Un día un leñador que se dirigía a su labor junto con su perro, pasó frente a la casa de la mujer y al verla fuera le pidió un vaso de agua, cuando la mujer volvía con el pedido del leñador su perro comenzó a ladrar desesperado, el leñador le ordenó que se callara pidiéndole disculpa a la joven  y después de beber el agua agradeció a la mujer y continuó su camino.

Esa misma tarde la mujer del leñador dio a luz. Cuando el leñador llegó a su casa bajo su carga de leña, guardar sus herramientas y en ese momento escuchó el llanto de un niño, corrió dentro de la casa y con gran felicidad vio a su mujer con su primer hijo en los brazos, abrazó y besó a su mujer y enseguida salió en búsqueda del párroco. En la iglesia le informaron que el párroco había salido de viaje y no volvería sino hasta el día siguiente.

El leñador volvió preocupado a la casa donde le dijo a su mujer la mala noticia. Al caer la noche la comadrona y la esposa del leñador comenzaron a rezar. De pronto el leñador escuchó que su perro ladraba afuera muy agitado, la madre y la comadrona se asustaron. El leñador se armó con un machete y una honda y salió afuera.

Afuera el perro le ladraba a la oscuridad, entonces se escuchó un silbido que se acercaba, el leñador sabía a quién se enfrentaba, preparó la honda y apenas vio la criatura alada que se acercaba lanzó con fuerza la piedra que acertó el ojo de la Chorca. La mujer lechuza emitió un agudo grito y huyó volando a toda velocidad. El hombre entró contento y le contó a la mujer. Esa noche durmió tranquilo y feliz al lado de su hijo y de su amada esposa.

Al día siguiente el hombre salió temprano a buscar la carga de leña que ya tenía cortada en la montaña, estaba tan contento que quiso agradecer a la mujer por el agua que le dio regalándole unos trozos de leña, El hombre llamó a la mujer y su perro comenzó a rasguñar la puerta, se escuchó la voz de la mujer exigir que se largará, el hombre insistió en que solo quería entregarle algo de leña. En ese momento el perro logró abrir la puerta y entró a la casa, la mujer corrió y el perro la siguió el leñador corrió tras ellos tratando de calmar al perro.

La mujer huyó por la puerta trasera pero el perro le dio alcance le mordió una pierna haciéndola caer. Cuando llegó el leñador notó que la mujer había cambiado mucho, había envejecido, le faltaba un ojo y en la cara se le notaba el golpe de una piedra. El hombre dedujo enseguida y le gritó a la mujer “¡Tú eres la Chorca!”, la mujer rió con carcajadas diabólicas diciendo “Ayer pudiste salvar a tu hijo, pero esta noche no tendré piedad”. El leñador sacó su machete y con un certero golpe le cortó la cabeza a la mujer lechuza.

El hombre metió la cabeza en un costal y se la llevó al sacerdote. Cuando esta la vio, se horrorizó al ver que la cabeza no era la de un ser humano sino la de un ser monstruoso. El sacerdote roció la cabeza con agua bendita y la enterró en un lugar secreto. Los hombres del pueblo quemaron totalmente la casa de la mujer concluyen las leyendas de Michoacán cortas.

El hospital de Morelia

El Hospital de Morelia, Michoacán, es una institución médica que aún presta sus invaluables servicios a la comunidad, sin embargo, según las leyendas de Michoacán cortas y al testimonio de enfermeras, empleados y visitantes en el interior de la institución ocurren hechos inexplicables que sugieren presencias sobrenaturales.

Se dice que en los quirófanos se escuchan ruidos inexplicables, alaridos, objetos metálicos que caen con gran estruendo, muebles arrastrados e incluso, según algunos testigos se ha visto la figura de un hombre vestido como paciente que atraviesa puertas sin abrirlas y también las paredes.

En las instalaciones correspondientes a la morgue cuentan que se sienten ruidos de cristales rotos, puertas que abren o cierran, además de los ruidos se dice que muebles y camillas cambian de lugar inexplicablemente. Los que han estado allí solos por algún motivo tienen la sensación de ser observados sigilosamente.

Algunos testigos dicen haber visto una extraña presencia en los pasillos de terapia intensiva del hospital ubicados en el octavo piso. Según estos relatos es una mujer vestida con una bata blanca que camina lentamente dejando a su paso manchas de sangre en el piso y en las paredes, estas manchas desaparecen poco después. Un vigilante que vio la aparición dice haberla reconocido como una mujer que recibió un trasplante de riñón pero que el órgano fue rechazado por su cuerpo, a sentirse sin esperanza la mujer se lanzó desde la ventana de ese piso.

Leyenda del Cuerudo Apatzingán

La leyenda del jinete sin cabeza se encuentra en muchas tradiciones alrededor de todo el mundo. En esta versión según las leyendas de Michoacán cortas esta historia se remonta a la segunda mitad del siglo XIX durante la intervención francesa en México. Los cuerudos de Apatzingán fueron guerreros bravíos y muy patriotas, se cuenta que en un encuentro con los franceses un capitán francés perdió la cabeza de un certero espadazo de un cuerudo, después los franceses huyeron ante la fiereza de los cuerudos.

Al finalizar  la batalla, los mexicanos enterraron los cuerpos de todos los caídos en batalla pero no pudieron encontrar la cabeza del capitán francés.

Después de algunos años fue que se conocieron los primeros relatos de campesinos que dicen haber escuchado después de la puesta del sol un fragor intenso como el de un campo de batalla seguida de un profundo silencio, después se oyen aullidos de coyotes y los perros se ponen inquietos. Se escucha el galopar de un caballo que se acerca. De pronto se ve la figura de un jinete montando un enorme caballo negro blandiendo una larga y filosa espada.

Según relatan los que dicen haberlo visto el jinete no tiene cabeza, viste un uniforme de oficial francés totalmente ensangrentado con una capa corta de color rojo. El jinete busca venganza y su cabeza. Esta historia ha sido pasada oralmente de generación a generación por muchos años. Todos conocen una versión. Supuestamente se le atribuyen varias muertes de campesinos todos decapitados. Los escépticos mantienen que son asesinos comunes que aprovechan la leyenda para ocultar sus crímenes.

Como sea los campesinos evitan circular por la zona, sobre todo en las noches de luna llena y dicen que su accionar puede llegar hasta pueblos vecinos a donde fue la batalla, por eso cuando hay luna llena todos se encierran temprano en sus casas. Se cuenta que en tiempos recientes una muchacha de la zona que estudiaba en la ciudad vino con tres amigas con la intención de pasar el fin de semana en su casa. Por alguna razón se les hizo tarde y el camión guajolotero la dejo como a cuatro kilómetros de su casa cuando ya comenzaba a caer la noche.

Las muchachas con el entusiasmo propio de la juventud iniciaron el camino entre risas y bromas. Solo la anfitriona tenía algo de preocupación. Al pasar por donde fue la batalla les comentó a sus amigas sobre los hechos sin nombrar al jinete sin cabeza. Al oscurecer comenzaron a oírse los sonidos típicos de la noche, el ulular de la lechuza, el chirrido de los grillos. De pronto el campo se vio iluminado por la luna llena. A lo lejos se comenzaron a escuchar gritos, voces y disparos. De repente un silencio total, donde no se escuchaban ni siquiera los animales del monte.

La lugareña le dijo a sus amigas que mejor apuraran el paso y de forma escueta le mencionó algo sobre la leyenda. De repente el silencio fue interrumpido por los aúllos de los coyotes. A lo lejos los perros comenzaron a ladrar desesperados. De repente se comenzaron a escuchar a lo lejos los ruidos inconfundibles de un galopar y de un relincho de caballo. Horrorizadas vieron que al final del túnel de árboles, iluminado por la luna llena se veía al jinete sin cabeza.

Todas echaron a correr lo más rápido que pudieron, el galope del caballo se escuchaba cada vez más cerca. Cuando ya casi se sentía el caballo muy cerca de ellas la anfitriona les ordenó que se lanzaran al suelo y así lo hicieron tapándose la cabeza con las manos. Se sintieron en el aire los silbidos de los sablazos lanzados por el jinete. Pasó sin tocar a las jóvenes. Luego se detuvo y el caballo se levantó en las dos patas traseras preparándose para una nueva embestida.

Entre gritos desesperados la chicas se pararon y de nuevo echaron a correr y de nuevo sintieron el galopar frenético, ya sabían lo que debían hacer se lanzaron al suelo pero esta vez sintieron que la espada pasó más cerca de sus cuerpos. El jinete se detuvo y se preparó para un nuevo ataque, las amigas estaban exhaustas y no sabían si podrían soportar una nueva carrera.

De repente se escuchó el sonido de otros cascos de caballos aún lejano que se acercaban velozmente. Un nuevo jinete este vestido de gamuza, la cabeza cubierta con un paliacate rojo y encima el sombrero, armado con un machete. La anfitriona la reconoció de las descripciones de sus mayores era un cuerudo de Apatzingán. Enseguida comenzó una fiera lucha entre los dos jinetes, con terribles embestidas por parte de ambos, en un momento el jinete sin cabeza salió huyendo y el cuerudo lo siguió.

Desde ese día los lugareños juran en las leyendas de Michoacán cortas que han visto la figura de un nuevo jinete: el cuerudo de Apatzingán cabalgando en las noches como montando guardia en los campos, aún así son pocos los que se atreven a salir por esos campos después del anochecer cuando hay luna llena.

El espanto de Don Juan

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que en tiempos de la colonia llego al pueblo de Los Urdiales procedente de España Don Juan de la Cadena Frigueros. Venía con la intención de hacer fortuna, ya que la que tuvo en su país la perdió en malos negocios.

Fue contratado como administrador de su hacienda por Don Pedro de la Coruña, conde de la Sierra Gorda. Don Pedro tenía preciosa hija a quien dedicaba toda su atención. La joven era muy virtuosa y obediente, sus únicas actividades eran las referentes a la iglesia y a las labores del hogar. Apenas don Juan la conoció se enamoró de la muchacha y se fijó como principal objetivo casarse con ella. Sabía que su actual situación económica no podía aspirar la mano de la hija de tan adinerado terrateniente como era don Pedro.

Así que con el dinero que pudo traer de España comenzó a hacer negocios, no siempre muy claros y honestos, arrendó unos terrenos y comenzó a comercializar diversos cultivos, criaba y vendía ganado, prestaba dinero con altos réditos y luego se quedaba con las propiedades de los insolventes.

Pero su principal ingreso consistió en descuento de medio real que hacía a cada trabajador de la hacienda, que después utilizaba en su negocio de usura. A don Pedro le decía que ese medio era un fondo para cubrir posibles gastos médicos, matrimonios u otros gastos que se presentase al trabajador.

Después de un tiempo de deshonestos negocios logró amasar una respetable fortuna y entonces se animó a pedir la mano de la hija de don Pedro, pero el donde lo rechazó de plano. Se dice que la depresión causada por el rechazo y la presión de quienes se sienten estafados por sus turbios negocios no fue resistida por su corazón que ya venía resentido de la mala vida en la península y así don Juan murió pronto.

Las leyendas de Michoacán cortas cuentan que en los pasillos de la casa de don Juan se escucha en las noches de luna llena el grito imperioso “¡Venga por su medio!” , se dice que el alma quiere pagar su culpa devolviendo lo robado pero no se puede constatar porque nadie se ha atrevido a reclamar su medio.

Leyendas Históricas

Los héroes de la historia comienza como personas normales pero al pasar los años, se van creando leyendas alrededor de esos hombres y mujeres que construyeron la patria.

Leyenda de Eréndira Ikikunari

Las leyendas de Michoacán cortas incluye la historia de la princesa Eréndira quien era parte de la nobleza del pueblo purépecha, pueblo indígena originario del estado de Michoacán, era hija de Tangáxoan Tzíntzicha un cazonci (jefe) del pueblo purépecha. El nombre de Eréndira significa “Mañana risueña”, y eso fue para su pueblo por su arrojo y valentía.

Eréndira tenía dieciséis años, que era la edad para casarse, pero ella se negó a hacerlo porque quería luchar con los guerreros contra el invasor español. No era lo normal que las mujeres participaran en las batallas que se consideraban cosas de hombres, pero en la historia del pueblo purépecha hubo muchas mujeres que se enfrentaron como un guerrero más ante cualquier amenaza externa que recibiera, por eso su tío, que era el jefe máximo autorizó que los acompañara.

En la batalla Eréndira demostró ser una guerrera valiosa. Durante una batalla logró apoderarse de un caballo de los españoles. Para los indígenas los caballos eran unos seres terroríficos, esos “siervos sin cuernos” se les asemejan a demonios de cuatro patas. Pero Eréndira aprendió a montarlo y enseñó a su gente, convirtiéndose así el noble animal en un gran aliado para los indígenas en la lucha contra los españoles. A partir de ese momento a la joven guerrera se le conoció como Eréndira Ikikunari, Eréndira la indomable.

El Perro de Piedra

En el centro histórico de Morelia se encuentra el Conservatorio de las Rosas, antiguamente Convento Dominico de Santa Catalina de Siena, en su patio rodeado de arcos de cantera se puede admirar una curiosa fuente en cuyo centro se encuentra la figura de un perro tallada en piedra.

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que al morir su esposo la condesa de Altamira, Doña Juana de Moncada, escogió este convento para recluirse. La condesa abandonó todo para su nueva vida de reclusión solo llevando a su fiel compañero un imponente mastín flamenco que recibía el nombre Pontealegre, el cual siempre estaba a su lado sirviendo de compañía y de poderoso protector.

Todos los domingos las internas paseaban por el mirador del convento para tomar el sol, momento que aprovechaban los hombres del lugar para mirarlas. Entre las paseantes se encontraba la casta joven Remedios de la Cuesta cuya belleza cautivó al alférez don Julián de Castro y Montaño. El noble militar le escribió ardientes cartas de amo a doña Remedios pero ella siempre se negó a aceptar sus propuestas.

Una noche en que estaba tomando copas con sus amigos el alférez tomó la absurda idea de secuestrar a la joven y así obligarla a convivir con él. Aprovechando la oscuridad de la fría noche los hombres entraron al convento por la puerta trasera, don Julián al frente. No había avanzado mucho cuando el formidable guardián Pontealegre se le fue encima, el alférez se defendió con su puñal pero fue muy tarde, el mastín ya había perforado su yugular y sangraba copiosamente.

Cuando el resto de los asaltantes reaccionaron sacando sus espadas ya era muy tarde ya don Julián de Castro y Montaño había muerto y a su lado agonizaba herido mortalmente el fiel Pontealegre. Sin embargo, como cuentan las leyendas de Michoacán cortas, el fiel Pontealegre sigue su eterna vigilancia del convento ahora convertido en una imponente escultura de granito rojo.

El Sacristán de la Catedral de Morelia

Refieren las leyendas de Michoacán cortas que la joven condesa Doña Martha Jimena de Monserrat se encontraba convaleciente de una larga enfermedad y los médicos recomendaron para su total recuperación el saludable clima de la ciudad de Valladolid, hoy Morelia, por eso su tío el Virrey Don Joaquín de Monserrat, Marqués de Cruillas, quien la tenía a su cuidado desde que quedó huérfana se trasladó con ella a dicha ciudad.

Pronto la condesa de apenas veinticinco años se ganó el corazón de todos gracias a su belleza, su bondad y su sencillez. Especialmente el sacristán Pedro González y Domínguez quedó completamente enamorado de ella desde la primera vez que la vio. El enamorado sacristán escribió una carta y esperó la oportunidad para entregársela a la condesita, esta se presentó cuando ella tropezó al entrar a la iglesia y se le cayó el devocionario. Pedro solícito lo recogió t aprovechó para poner con disimulo la carta dentro de él.

Doña Martha leyó la carta pero no le dio importancia hasta que un día, mientras se confesaba, notó como el sacristán la miraba con enamorados y llorosos ojos. En ese instante comprendió que ella también estaba enamorada y para demostrarlo puso en el cepillo de las limosnas su anillo de esmeraldas. A partir de ese día comenzaron a citarse en la Capilla de las Ánimas a escondidas. Así mantuvieron su romance en secreto mucho tiempo hasta que la condesa decidió viajar a España a solicitar al rey que le otorgara un título al sacristán para así poder casarse con él.

Pasaron cinco largos meses y la condesa no regresaba, Pedro estaba impaciente por no saber nada de ella. Un día el sacristán recibió una citación de un representante del rey para que se presentará al Puerto de Veracruz. Pedro se alegró pensando que su amada había regresado. Al llegar le notificaron que había sido nombrado por el rey intendente de Nueva Galicia pero que, lamentablemente la condesa Doña Martha Jimena de Montserrat había muerto víctima de su enfermedad.

Sin siquiera asumir su nuevo cargo Pedro renunció y regresó a Valladolid. Con el corazón destrozado Pedro pasaba todo el día en la Capilla de las Ánimas llorando, así enfermó y al poco tiempo murió, algunos dicen que de una enfermedad que contrajo pero la mayoría sabía que murió de amor. Desde ese día, las leyendas de Michoacán cortas dicen víspera de la Noche de los Muertos se puede ver a los dos amantes jurándose amor en la Capilla de las Ánimas.

La mano en la reja

En una casa ubicada en el centro histórico de Morelia vivía hace años Leonor con su padre Don Juan Núñez de Castro y su madrastra doña Margarita de Estrada según aseguran las leyendas de Michoacán cortas . Doña Margarita odiaba a la hija de su esposo a pesar de que la chica era sumisa y de buen corazón.

La mantenía siempre encerrada en casa haciendo todas las labores de domesticas y sin dejarla disfrutar las entretenciones propias de su edad. A pesar de esto, Leonor se las ingeniaba para escaparse e ir al Santuario Guadalupano y ayudar a atender las heridas de los fieles, con tan buena mano que se ganó el apodo de “ángel de San Diego”.

Estando en estas piadosas labores conoció a don Manrique de la Serna y ambos se enamoraron. Manrique entonces habló con Don Juan Núñez de Castro para mostrarle que sus intenciones eran serias. Don Juan manifestó que sólo concedería la mano de su hija si don Manrique presentaba una carta del virrey haciendo la solicitud. Leonor y Manrique quedaron en verse a escondidas a través de la reja del sótano donde su madrastra la encerraba.

Manrique no quería que hubiera curiosos que interrumpiera sus conversaciones con Leonor, así que mientras el visitaba a la chica su paje disfrazado de fraile con su cara pintada de blanco como una calavera se paseaba de esquina a esquina cual si fuera un alma en pena, los transeúntes que miraban esta aparición corrían aterrados, teniendo los enamorados la calle solo para ellos después de las siete de la noche.

Manrique decidió partir a la ciudad de México para pedirle al virrey la carta exigida por don Juan y así lo hizo.  Pero doña Margarita, que estuvo espiando, se dio cuenta del engaño del supuesto espanto y, aprovechando que don Juan se encontraba de viaje de negocios, encarceló a Leonor en el sótano. Así pasaban los días, la cruel mujer no le suministraba a la joven comida ni agua. Desesperada por el hambre Leonor sacaba su mano por la reja y pedía a los transeúntes su ayuda, así fuera un trozo de pan.

Cuando interrogaban a doña Margarita sobre la extraña situación ella dijo que la hija de su esposo se había vuelto loca. Cuando Manrique volvió con la carta del virrey coincidió con el regreso de don Juan el día de Corpus Christi, como su esposa no se encontraba en casa don Juan envió un criado en búsqueda de su hija. Cuando por fin la encontraron quedaron estupefactos, la bella joven había muerto.

La madrastra, el padre y los criados fueron detenidos. Manrique amortajar a Leonor con el traje blanco que había adquirido en su viaje pensando en su matrimonio y la sepultó en la iglesia de San Diego. Cuentan en las leyendas de Michoacán cortas que al pasar al lado de la casa aún se escucha una suplicante voz pidiendo alimento.

Impía Evangelización

Un lamento en voz grave recorre los antiguos pasillos atravesando las paredes haciéndose más lúgubre en los cerrados espacios de los lavabos al tratar de desentrañar el origen se adentra en antiguas leyendas de Michoacán cortas. En la Casa de las Artesanías se exhiben hoy valiosas muestras de artesanía indígena que demuestran la gran riqueza cultural mexicana, originalmente este recinto se construyó como el primer convento que se estableció en la ciudad de Valladolid.

En esa época llegó a la ciudad, entre muchos otros, un monje franciscano, de cuyo nombre no existen registros, con la misión de cristianizar a la población indígena de América a través de las Obras Misionales Pontificias, según se dice nunca tuvo en sus planes ingresar a una orden religiosa y si lo hizo fue en contra de su voluntad. El método utilizado para lograr el objetivo de la misión era obligar a los indígenas a destruir con sus propias manos sus templos, sus objetos religiosos y propios de su cultura si no lo hacían entonces intervenía cruelmente los soldados.

El monje en cuestión era quien, llevado por su frustración y avaricia, más cruel y despiadadamente se ensañó contra los indígenas, aprovechando su rango para imponerles violentos castigos. Un día, después de haber infringido un fuerte suplicio a algunos indígenas, se dirigió a supervisar la construcción de una capilla. De repente la capilla en construcción se derrumbó quedando el monje atrapado junto a un grupo de purépechas a quienes se les obligaba a trabajar en la obra.

Después de muchas horas de trabajo se pudieron retirar todos los escombros y rescatar a los sobrevivientes y encontraron el cuerpo terriblemente mutilado. Se interrogó a todos los presentes pero ninguno dio alguna información. Según cuentan las leyendas de Michoacán cortas por los pasillos del convento que se construyó en ese lugar se ve al monje sin brazos, sin piernas y sin ojos y en sus tristes lamentos pide perdón por los maltratos a los indígenas pero su condena es vagar eternamente.

El Cerro del Fraile

Cuando retumban los cañones españoles durante la conquista no solo destruyeron las murallas de troncos de encino que protegían el reino Michoaque (Michoacán), sino también acabaron con siglos de tradición, cultura y creencias Otomí – Púrhépecha. Junto a los conquistadores armados también llegaron los conquistadores espirituales, los frailes franciscanos, encargados de evangelizar a los habitantes de las tierras arrebatadas a sus dueños originales.

Se dice en las leyendas de  Michoacán  cortas Entre los franciscanos llegó fray Marco de Villalba, joven que había adquirido los hábitos por la muerte de su prometida a causa de la viruela. Debido a sus propias dudas sobre su vocación fray marco era quien más esforzaba en el cumplimiento de sus deberes. Era el primero que se levantaba en la mañana y el último en acostarse en el duro lecho. Rea quien llegaba a los lugares más alejados de la encomienda a celebrar matrimonios y bautizos y quien más cargaba viáticos para los enfermos.

Muchos fueron los indígenas que escaparon a los bosques y cerros cercanos huyendo de las enfermedades traídas por los conquistadores, de los duros castigos de los encomenderos, a la degradante servidumbre que los convertía en propiedad de los nuevos amos y a la obligación de tener que renegar de sus creencias para adorar a los dioses importados por los conquistadores.

En la cima de las montañas que se extienden al sur de Taximaroa se habían retirado un gran grupo de aborígenes bajo el mando de Dumitzu, hija del anciano cacique que murió de tristeza al ver a su pueblo sucumbir bajo la bota del invasor. La joven era una bella indígena con bellos oscuros ojos rasgados, cabellos negros semejante al color del cuervo, piel morena y mejillas de durazno, su cuerpo poseía voluptuosas redondeces y su voz era dulce y melancólica y por ella recibió su nombre Dumitzu que significa Tórtola que canta triste.

Dumitzu se encontraba haciéndoles ofrendas a sus dioses y orando por la protección a su gente porque le quedaban pocos guerreros dentro de un cú (pequeño templo de adoración) cuando llegó un vigía a informarle que se acercaban enemigos, la joven ordenó a su gente que se dispersaran y se escondieron.

En efecto un grupo de soldados subían las empinadas laderas con el fin de buscar vetas de metales y de buscar indígenas con la intención de usarlos como mano de obra. Para tratar de evitar los desmanes al grupo de soldados los acompañaba algunos frailes entre ellos fray Marco de Villalba.

Cuando la expedición se detuvo a descansar, fray Marco se apartó del grupo con la intención de hacer sus oraciones, abstraído en sus mediciones si se dio cuenta que se alejaba mucho y al tratar volver no encontró el camino. En su búsqueda del grupo fray Marco sorprendió a un gato montés que le lanzó un zarpazo defensivo y luego huyó dejando una profunda herida en el brazo del fraile.

El grupo de conquistadores buscó por largas horas al joven fraile y al no encontrarlo asumieron que fue devorado por las fieras o cayó por una empinada colina, abandonaron la búsqueda y volvieron a Taximaroa.

Fray Marco herido, cansado y hambriento camino largas horas hasta que encontró el cú con las ofrendas a los dioses consistentes en comida, bebidas y frutas. El fraile calmo un poco su sed y hambre pero su cansancio y la herida le hizo perder el conocimiento. Al día siguiente al volver Dumitzu encontró al fraile y se acercó primero con temor luego con curiosidad, al descubrirle el rostro no encontró sus rasgos desagradables.

Limpió y curó sus heridas sus heridas. Cuando el fraile volvió en sí y observar a la joven quedó enseguida prendado de la dulzura de su mirada. Con su escaso conocimiento de la lengua fray Marco explicó el porqué de su presencia y Dumitzu decidió ocultarlo una cueva para protegerlo.

La joven visitaba todos los días la cueva para curar sus heridas y llevarle aguas y alimentos, el trato diario hizo que la atracción inicial que hubo entre ambos se fuera convirtiendo en amor apasionado que no tardaron en consumar. Dumitzu solo deseaba estar día y noche con el joven y descuidó su obligación de tener el fuego sagrado encendido, de las ofrendas y de la dirección de su tribu.

Los miembros de la tribu no tardaron en encontrar la cueva donde se escondía el fraile y los atraparon a ambos. La joven fue acusada de traición y la lanzaron desde un risco, igual suerte correría fray Marco pero en ese momento llegaron los españoles y lo rescataron. Haciendo prisioneros a los indígenas se los llevaron para convertirlos en esclavos.

Fray Marco confesó sus pecados y arrepentido por haber roto sus votos, por la suerte de Dumitzu y el destino de los indígenas atrapados, fabricó una cruz con madera de encino y con ella a cuesta subió hasta lo que quedaba del cú, ofició una misa y luego se lanzó desde un peñasco. Según las leyendas de Michoacán cortas desde entonces ese lugar fue llamado El cerro del Fraile.

Leyenda del Reloj de la Compañía

Según las leyendas de Michoacán cortas el Duque de Ávila fue acusado por el rey Felipe II, después del juicio se le encontró culpable de alta traición y fue condenado a la pena de muerte. Según la sentencia la ejecución debería llevarse a cabo en la noche del día siguiente después de dar las doce campanadas.

Todo estaba listo para la ejecución. Pero el reloj solo dio once campanadas y allí se detuvo, por lo que el duque fue regresado a la prisión. Al día siguiente se intentó de nuevo la ejecución pero el reloj, de nuevo, solo dio once campanadas iguales resultados dieron los intentos de los dos días siguientes. La población estaba consternada y se preguntaban si este suceso tendría algún significado.

Cuando Felipe II se enteró quiso constatar con sus propios ojos lo que se le contaba. Otra vez se preparó todo como las noches anteriores pero el reloj, como todas las veces anteriores solo dio once campanadas. Al ver esto el soberano pensó que existía un poder superior que no quería que se ejecutara al duque y lo indultó cambiando la pena máxima por destierro. En cuanto al reloj también fue enviado fuera. Se envió a la Nueva España para que el virrey se lo cediera a alguna de las nuevas ciudades.

Así el reloj llegó al pueblo de Pátzcuaro en el estado de Michoacán, para ser colocado en el Templo de la Compañía. El duque de Ávila también llegó a México y como agradecimiento por haberle salvado la vida prometió revestir al reloj de oro y plata y colocarle un marco de cantera. Cuando supo el destino del reloj se dirigió a Pátzcuaro con el propósito de cumplir su promesa.

En el camino fue atacado por unos asaltantes que querían despojarlo de sus pertenencias. Fue encadenado, pero aprovechó un descuido de sus captores intentó huir cayendo al río donde se ahogó, exactamente al dar las doce campanadas.

Según la leyendas de Michoacán cortas al dar las doce campanadas de la noche en el reloj del templo de la Compañía de Pátzcuaro se ve a un hombre arrastrando cadenas que camina por las calles del pueblo y luego se lanza al río subterráneo.

La Leyenda de Atzimba

Cuentan las leyendas de Michoacán cortas que la princesa Atzimba era querida por todos y todos les dedicaban los mayores atenciones, especialmente su hermano el rey Sincicha. El rey era un optimista empedernido, a pesar de que los presagios que los sabios leían en el cielo, en el mar y en la sierra hablaban de cambios importantes. Aunque los mexicas hubiera caído bajo el poder de los españoles el rey consideraba que el pueblo tarasco era invencible y nunca se sometería al extranjero.

Un día la princesa comenzó a padecer una rara enfermedad, sufría de desmayos que le hacían perder la conciencia por varios días. El rey mandó a llamar a los mejores médicos de su reino, ellos determinaron que la princesa estaba hechizada y que debería ser enviada las fuentes termales de Zinapécuaro para que bajo los cuidados de la diosa Cuerauáperi y los baños purificadores su curación fuera completa.

Hernán Cortés había conquistado Tenochtitlán y se dedicaba a la instalación de una nueva ciudad. Pero recibió información interesante del reino de Michoacán y decidió enviar a exploradores que confirmaron dichos informes. El escogido para la misión fue el soldado español de apellido Villadiego. El soldado escogió algunos indígenas mexicas para que lo acompañaran y partió a Taximaroa.

Pero apenas llegaron fueron apresados y enviados Zinapécuaro a un encierro temporal hasta que se decidiese su destino final. Al llegar al sitio de reclusión los soldados que llevaban los prisioneros se cruzaron casualmente con el cortejo de la princesa Atzimba. Villadiego quedó impresionado por la belleza de la joven y a la vez la princesa quedó prendada de la gallardía de español, los soldados se apresuraron a meter a los prisioneros al palacio, pero la princesa quedó como petrificada.

Sin moverse, en la misma postura que tenía apenas vio al español quedó la princesa, sus guananchas que la acompañaban no se atrevían a interrumpir su éxtasis, pero después de unos segundos la joven cayó al piso y notaron que estaba muerta. La conmoción fue total todos corrieron dando la mala nueva. Enseguida se prepararon los solemnes actos fúnebres. Al final de los ritos el cuerpo de la princesa fue colocado en una yácata especialmente edificada para ese fin.

Villadiego ya tenía dos días en el calabozo, aunque pensaba mucho en como escapar, su principal pensamiento era en la bella indígena que tan solo con una mirada le había robado el corazón. Pensaba que, así lograra escapar nunca más la vería y eso le causaba muchas tristeza. Estando es estos pensamientos notó que en el fondo de su improvisado calabozo una roca estaba floja y tras empujar y esforzarse por un rato pudo hacer una abertura suficiente para escapar.

El soldado estuvo vagando mucho tiempo hasta que llegó cerca de la entrada de una yácata y escuchó un débil gemido. Entró curioso y asombrado vio a la causa de sus últimos pensamientos, con el semblante lívido acostada en el centro. Sin dejar de contemplar su bello rostro le tomó una mano y la mano lo apretó. La princesa revivió. Sin siquiera decir una palabra se abrazan y luego se dan un prolongado beso. Luego le hace entender al hispano que en la noche se volverán a ver.

Cuando se enteran de la resurrección de la princesa la alegría reina por todo el poblado. Suena música por todas partes y todos bailan y se ríen. La princesa le pide al cacique que le envíe un mensajero a su hermano Cazonci para pedirle que venga ya que ella tiene una importante noticia que darle.

Durante cuatro días Villadiego y Atzimba vivieron un tórrido romance. Durante ese tiempo casi no se separaron y daban largos por los bosques aledaños, al cuarto día llegó el rey. Apenas llegó el sacerdote le informó sobre el romance entre su hermana y el soldado español. El rey se sintió furioso, pero disimuló su furia para hablar con su hermana, ella le dijo que durante el tiempo que estuvo muerta tuvo la visión de un ente que le dijo que las cosas iban a cambiar que no debía oponerse al poder de los blancos porque ese era el cambio que ordenaron los dioses.

Después de retirarse la princesa el rey convocó a sus ministros para decidir cuál sería su proceder ante los hechos recientes. El consejo de ministros decidió que tanto Villadiego como los mexicas que fueron atrapados con él debían ser sacrificados a los dioses. Esa noche partieron todos a Tzintzuntzan incluyendo la princesa, Villadiego y los mexicas. Apenas llegaron los mexicas fueron sacrificados, Villadiego no pero permanece encarcelado.

Según las leyendas de Michoacán cortas una noche la princesa Atzimba y Villadiego fueron llevados en lancha hasta Erongarícuaro, de allí caminaron por varios días hasta llegar a la profunda barranca Curíncuaro, que se extiende a una terrible profundidad. Luego los atan con cuerda y los bajan profundamente allí les ordenan que se internen en una cueva, les bajan toneles de alimentos y agua y luego los deja allí para siempre.

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