La interesante leyenda de las cataratas del Iguazú

Hace muchos años las aguas del río Iguazú, agua grande, en guaraní, corrían tranquilas en su viaje hacia el río Paraná, pero la vida de los pueblos guaraní de sus riberas no era tan pacífica como podría pensarse pues una terrible amenaza los abatía, sabremos cuál era ese peligro conociendo la Leyenda de las cataratas del Iguazú.

LEYENDA DE LAS CATARATAS DE IGUAZÚ

Leyenda de las cataratas del Iguazú

Las aguas del majestuoso río Iguazú en su superficie se ven mansas, límpidas y cristalinas, pero en sus profundidades vive una espantosa y terrible criatura, el poderoso dios serpiente Boi de terrible aspecto y de colérico y terrible carácter. Cuando la furia del terrorífico Boi se desataba provocaba tempestades que arrancaban árboles, inundaba las riberas del río y arrasaba con aldeas completas.

Las tribus guaraníes trataron de calmar la cólera del horrible Boi con todo tipo de ofrendas. Le dieron los mejores frutos de sus campos, lanzaron coloridas flores y derramaron la más dulce miel es las aguas del río. Nada funcionó.

Hasta que los sabios ancianos llegaron a la triste conclusión de que lo único que calmaría el furor de la serpiente era ofrecer en sacrificio a la joven más bella y virginal de los contornos. Y así lo hicieron año tras año. Así cada año se elegía a la muchacha más hermosa y virginal de la región y en una ceremonia, a la cual asistían todos los habitantes, hasta los provenientes de las aldeas más lejanas, la doncella era lanzada a las aguas para saciar el terrible apetito del dios serpiente.

Como todos los años, ese año acudieron a ser testigos del terrible rito todos los habitantes de la región, niños y adultos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres. Caciques, guerreros, cazadores y sabios ancianos, todos apesadumbrados pero consientes que era lo único que podían hacer. También llegó comandando a su tribu el joven cacique Tarobá.

Hacía poco que su pueblo lo había elegido para que guiara su destino ya que, pese a su juventud, había demostrado su condición de líder por su arrojo en el combate y su sensato proceder en la vida diaria de su gente.

Todos los caciques al llegar recibieron los honores correspondientes a su alto cargo. Después de los consabidos saludos a sus iguales el cacique Tarobá se apartó del grupo y se acercó a las orillas del río. Mientras meditaba sobre la triste obligación de su pueblo vio a una muchacha que caminaba cabizbaja y lentamente por las arenas. Al ver la belleza de la joven comprendió que no podía ser otra sino la joven elegida para el sacrificio ritual que se preparaba.

LEYENDA DE LAS CATARATAS DE IGUAZÚ

Tras cruzar algunas palabras con la muchacha confirmo su sospecha del destino que le esperaba. También supo que se llamaba Naipí y que aceptaba valerosa el deber que se le impuso porque sabía que era por el bien de su tribu y de todas las tribus de la región. El cacique Tarobá quedó prendado de la belleza, la valentía y el coraje de la doncella y pensó en lo injusto y bárbaro que era este sacrificio de jóvenes por complacer los caprichos de un monstruo egoísta y cruel.

El joven cacique corrió a donde se encontraba reunido el concejo de sabios ancianos de las diferentes tribus y les presentó sus razones para cancelar el funesto rito. Les habló de lo injusto que era, habló de luchar contra la serpiente y hasta les confesó el amor que sentía ya por la joven Naipí. A pesar de las solidas y sensatas razones expresadas tan fehacientemente por el joven cacique Tarobá el concejo de ancianos no quiso siquiera considerarlo. Ya el destino de la hermosa Naipí estaba escrito y nada se podía hacer para cambiarlo.

El cacique Tarobá se retiró decepcionado de la reunión de sabios ancianos, dando vueltas en su mente a grandes dudas. Se debatía en su obligación de cumplir con su deber y acatar la decisión de los ancianos o en dejarse llevar por su valiente corazón que le decía que lo más honorable era buscar la forma de luchar con Boi y vencerla y así acabar para siempre con su amenaza.

Tarobá y Boi

El intuía que debía existir alguna forma de destruir a la terrible serpiente y su deber era encontrar esa manera, pero por lo pronto lo más urgente era salvar la vida de su amada Naipí. Su amor por ella creció tan rápido que se sentía capaz de cualquier sacrificio con tal de disfrutar de su contacto así fuera por segundos. Sabía que debía actuar pronto ya que todo estaba listo para practicar la ceremonia del sacrificio el día siguiente.

Todos pensaban que era inaudito que alguien no acata las decisiones del consejo de ancianos. Por ello la choza donde dormía la joven elegida estaba escasamente custodiada. Aprovechando esto el cacique Tarobá esperó la noche y cuando estaba más oscuro, confundiéndose con la sombras, eludió al guarda que custodiaba la choza y entró en búsqueda de la joven.

LEYENDA DE LAS CATARATAS DEL IGUAZÚ

Encontró a la joven despierta y llorando. Con apresurados susurros le explicó a la bella Naipí sus intenciones. Ella al principio estuvo reacia a abandonar a su pueblo y dejarlo a merced del terrible dios serpiente Boi, pero confiaba en la promesa del valeroso Tarobá de que buscaría pronto solución definitiva y además tenía la esperanza de vivir su amor con el apuesto cacique, entonces decidió aceptar su plan.

Abordaron una canoa que el cacique había dejado previamente oculta entre unos matorrales y emprendieron la huída río arriba, en contra de la corriente. Al día siguiente todos quedaron consternados ante la ausencia de la joven elegida, al no encontrar tampoco al cacique Tarobá comprendieron lo que había pasado. Todos estaban temerosos de cuál sería la reacción de la monstruosa serpiente Boi al enterarse de que ya no habría sacrificio.

Cuando el dios serpiente Boi se enteró de lo que pasó no se detuvo a castigar a los guaraníes, enseguida emprendió la persecución a los jóvenes enamorados. Cuando la bestia dio alcance a los jóvenes encorvó su enorme cuerpo y dio un portentoso golpe con su cola, tan fuerte que estremeció toda la tierra y resquebrajó por completo el lecho del río creando cientos de cascadas. En su furia cegadora transformó la larga cabellera de Naipí en una estruendosa caída de agua y a Tarobá en los árboles que bordean la cascada.

Tarobá y su promesa

Así Tarobá cumplió su objetivo de librar a los guaraníes de la terrible maldición de Boi, ya que el dios serpiente está tan obsesionado por evitar que los amantes se unan de nuevo que se sumergió en la Garganta del Diablo, según la leyenda de las cataratas del Iguazú, para desde allí vigilarlos constantemente olvidándose de acosar a las tribus.

Sin embargo cuando el sol brilla sobre las cataratas se forma un hermoso y colorido arco iris que va desde las torrentosas aguas hasta los árboles de la orilla, los que conocen a profundidad la leyenda de las cataratas del Iguazú dicen que esta es la forma con la cual Tarobá y Naipí se unen para expresar su amor burlando así la vigilancia del terrible dios serpiente Boi.

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