¿Quién es Tonatiuh? Leyendas, mitos, símbolos y más

En la cultura azteca mencionar a Tonatiuh era referirse al quinto sol creado por los dioses y a la temible deidad regente del mismo, que se alimentaba del corazón de seres humanos. ¡Conozca en este artículo esta  fascinante historia mesoamericana!

TONATIUH

¿Quien es Tonatiuh?

Tonatiuh, es el quinto y presente sol en la visión azteca del cosmos y además el feroz dios del sol de varias culturas mesoamericanas posclásicas, incluidos los toltecas.

Los aztecas asumieron que solo ofreciendo el corazón de víctimas humanas en rituales de sacrificio, mantendrían intacto el poder de Tonatiuh, otorgándole la fuerza que requiere para gobernar y mantener controlados los cielos, enfrentando durante las noches las fuerzas de la temible oscuridad.

El dios solar es el considerado el centro de la Piedra del Sol o Calendario Azteca, un famoso disco de piedra que tiene imágenes y datos referentes a la visión del origen del mundo y la humanidad que tenia esta cultura prehispánica.

En esta conocida pieza que lleva algunas cuentas de los días, las eras, entre otros datos, tiene en el centro la imagen de una deidad solar con la lengua como un arma de sacrificio, muy similar a una espada.

Los guerreros aztecas estaban estrechamente asociados con Tonatiuh porque era su deber garantizar un suministro constante de víctimas sacrificadas para él, además se decía que los espíritus de los guerreros fallecidos eran conducidos a la próxima vida por esta deidad solar.

Además, dado el papel vital del sol para garantizar el bienestar del cosmos y la posición del gobernante en el momento como jefe guerrero absoluto, Tonatiuh tenía su propio altar de sacrificios durante el rito de coronación del mismo.

En tiempos de grandes conflictos, como el hambre, las sequías y la guerra, Tonatiuh podría recibir la gran cantidad de sacrificios, haciendo a los aztecas infames y crueles desde edades antiguas y a este dios un ser sobrenatural sanguinario y un poco aterrador.

TONATIUH

Apariencia del dios

Con frecuencia es representado con las mismas características y signos, por ejemplo un corona o tocado, un pendiente en la nariz similar a una mariposa, accesorios grandes y vistosos, como aretes y collares, que son muy comunes entre los dioses.

La apariencia de Tonatiuh está asociada al astro rey, piel rojiza, cabellera amarilla y signos de vejez, es decir suele presentarse como un individuo de edad avanzada y madurez.

Su gesto es severo y firme, sobre todo cuando deja ver una lengua semejante a un afilado puñal, que recuerda su gusto por la sangre y la carne de los hombres, sin embargo la lengua suele asociarse también a la sabiduría.

Tonatiuh en la mitología azteca

Según los aztecas, antes de Tonatiuh el cosmos ya había pasado por cuatro etapas, cada una con su propio sol y seres que le representaban, dejando esto claramente plasmado en sus tradiciones y legados.

La era actual para los aztecas es la del quinto y último sol, al que llamaron Tonatiuh. Tomando en cuenta algunos de sus relatos, esta deidad solar había nacido del sacrificio de Nanahuatzin, un ser divino pero enfermizo y deforme que se arrojó al fuego en Teotihuacan como sacrificio y se convirtió en el nuevo sol.

Hubo un problema inmediato, Tonatiuh iluminaba, pero no podía ponerse en movimiento a través del cielo. Las divinidades se dieron cuenta de que solo un sacrificio pondría el sol en movimiento, por lo que Quetzalcóatl les quitó el corazón para ofrecerlo como alimento al sol.

Los dioses hicieron un sacrificio de sangre que funcionó y Tonatiuh estaba en camino, el sol comenzó sus andanzas por el cielo

TONATIUH

Muertos los dioses, correspondía a los humanos alimentar a Tonatiuh para que este siguiera gobernando el cielo, por lo tanto al azteca se le advertía que su llegada a este mundo era para nutrir al sol con la sangre de los enemigos y de ser necesarios con su propia sangre.

Estas culturas creían con firmeza que al dejar de hacer los sacrificios sin importar la razón, el sol  no tendría fuerza y se debilitaría con rapidez, lo que causaría el final del mundo y del tiempo del hombre.

Es por eso que la deidad conocida como Tonatiuh era un figura que inspiraba temor y que se relaciona inevitablemente con la muerte y la sangre, recordado más por ser el señor de los guerreros, que por aquel que lidera el cielo y da vida y calor.

Nombres y asociaciones

La idea  de un dios del sol en el área de Mesoamérica, con cualidades marciales y fieras se remonta a la figura maya clásica de K’inich Ajaw o el Señor de Ojo Solar, la deidad solar de esta cultura.

Para la civilización zapoteca entre 500 antes de Cristo y  900 después de Cristo, en las tierras altas del sur de México central en el valle de Oaxaca, Tonatiuh era Copijcha, también conocido como Cocicho, quien encarnaba al sol.

La civilización tolteca, que floreció en el centro de México entre los siglos X y mediados del siglo XII, asoció estrechamente a Tonatiuh con Quetzalcóatl,la serpiente emplumada, la estrella de la mañana y el planeta Venus.

Muchas de las primeras  figuras y símbolos de Tonatiuh fueron encontradas en la zona Chichen-Itza, donde se le apreciaba engalanado para las batallas, encima de la serpiente emplumada.

TONATIUH

Para los aztecas del antiguo México, entre 1345 y 1521 después de Cristo, Tonatiuh también era conocido como Cuauhtlehuanitl, el Águila ascendente o sol de la mañana  y Cuauhtemoc , el Águila descendente o sol de la tarde.

Su nombre en el calendario era Nahui ollin, símbolo de mucho poder que encierra todo lo relacionado a la creación del cosmos, el tiempo y el espacio, en las creencias nahua. Es regente del día 19 Quiahuitl, conocido como lluvia y es el cuarto de un total de trece señores del día. Su signo es un ave relacionada a la codorniz.

El sol en esta cultura está relacionado con el oro y para los aztecas, estaba hecho de turquesa, por lo tanto, a Tonatiuh a veces se le conoce como Señor de la turquesa. En algunos casos y esto genera un poco de confusión,  se asocia con Xiuhtecuhtli, el dios azteca del fuego.

Tonatiuh cuyo nombre se traduce como el que “sigue emitiendo calor» o el que da calor y brillo, en muchos aspectos era un dios feroz y guerrero, pero también es una deidad con un lado benevolente, pues daba luz, calor, vida y fertilidad a todos los seres vivos, después de una época de oscuridad.

Pedro de Alvarado y Tonatiuh

Muchos relatos indican que los mexicas tildaron de Tonatiuh, al cruel y despiadado Pedro de Alvarado durante la época de la invasión europea. Se dice que este español fue despiadado, duro y sanguinario, además sus atributos físicos diferentes y extrañas para los indígenas le conferían un aire sobrenatural y malévolo.

Relatos tradicionales sobre Tonatiuh

En las culturas mesoamericanas son innumerables los relatos referentes a sus divinidades, su relación con la vida diaria del ser humano y su papel en los fenómenos naturales.

Ciertamente lo que ha permanecido de esta cultura, es un mezcla de sus costumbres propias del pasado con las nuevas creencias y costumbres que fueron ensañadas por  los frailes y misioneros del siglo XVI.

TONATIUH

Sin embargo, es irrebatible que las características y particularidades de esta raza están presentes en la cultura mexicana de manera muy acentuada.

El nacimiento de Tonatiuh

Antiguamente cuando el mundo estaba envuelto en las tinieblas, los primeros dioses se agruparon en Teotihuacan para decidir quién iba a ser el encargado de iluminar al mundo.

Tecciztécatl siempre arrogante afirmó: “Lo haré.” Sin embargo, se requería de otro voluntario obligatoriamente y los dioses escogieron entre todos los presentes a Nanahuatzin.

Él sufría de graves dolencias, entre ellas una afección de la piel y era modesto, careciendo de los atributos de los que solían vanagloriarse las demás deidades. Es muy posible que su pobreza e insignificancia fuera la causa por la que los dioses muchas veces burlistas y crueles le postularon.

Nanahuatzin consciente de sus limitaciones, no dudó en aceptar. Ambas deidades se retiraron durante cuatro días para realizar las purificaciones, reunir sus ofrendas y demás ritos de rigor en las cimas de las pirámides.

Por otro lado, los dioses se dedicaban a preparar el fuego divino que se encargaría del nacimiento del nuevo sol. Las ofrendas del primer candidato eran impresionante, llenas de esplendor y vistosidad, por el contrario, las de Nanahuatzin eran producto de su valor y el esfuerzo.

Antes del día de la ceremonia principal, ambos seres se prepararon según sus recursos y posibilidades, dejando muy clara la posición de cada uno.

El día pautado, todas las deidades se reunieron nuevamente, formándose en dos líneas que hacían una especie de corredor por donde avanzarían los candidatos hasta la hoguera divina.

Básicamente los dos elegidos debían correr por ese pasillo y arrojarse en las abrasadoras llamas, con la finalidad de transformarse en el nuevo sol.

Tecciztécatl, quien al principio se jactaba de su valor y disposición, hizo el intento cuatro veces, pero al borde de las llamas, flaqueaba y retrocedía. Pero a Nanahuatzin, no le faltó entereza y coraje, en el primer intento se lanzó y ganó la prueba a su rival, ardiendo instantáneamente.

El otro candidato humillado y decidido a no dar su brazo a torcer se arrojó sin pensar a las llamas, pero estas ya no eran tan abrasadoras.

Un águila y un jaguar se arrojaron también a la fogata, razón por la que a los combatientes aguerridos y valerosos se les llamaban águilas-jaguares.

Los dioses aguardaban por un buen rato, esperando las primeras luces. Finalmente, la claridad llegó, no se sabía de donde provenían las luces y las deidades intentaron adivinar por donde saldría el primer sol.

Quetzalcóatl, Tótec, los Mimixcoa, entre otras pocas deidades adivinaron que saldría por el este. Nanauatzin, transformado en un grandioso sol, se elevó como una chispa resplandeciente hasta la bóveda oscura, quedando suspendido en el aire, su nombre fue Tonatiuh y más atrás le seguía Tecciztécatl.

Los dos brillaban muchísimo, para sorpresa de los dioses. Pero esto no podía consentirse, no podían existir dos soles, así para más asombro una de las divinidades arrojó un conejo a la cara del astro que brillaba un poco menos, Tecciztécatl y que perdiendo un poco su resplandor se convirtió en la luna.

Ambos astros suspendidos en el cielo iluminaban, pero no se movían, pues su fuerza era muy poca. Los dioses entonces entendieron que era necesario un sacrificio mayor para que los astros perduraran y decidieron morir para animarlos, que vivir entre miserias, frialdad y los tristes moradores de un mundo oscuro.

Ehécatl, que así llamaban al viento, se encargó de tomar sus vidas uno a uno. Pero Xólotl, quien fue el último voluntario, atemorizado intentó escapar y fue transformado en tallo de maíz conocido como Xólotl

El sacrificio de los dioses dio fuerza a los astros, pero aun así no se movían, por lo que Ehécatl, sopló con fuerza y les obligó a desplazarse, el sol entró en movimiento primero y la luna quedó un poco rezagada, desde su andar fue por separado.

Es por esos acontecimientos que la luna brilla menos que el sol y sale después que el, sin que sea extraño que alguna vez coinciden durante el día en el cielo.

Tonatiuh y Tlahuizcalpantecuhtli 

Se cuenta que Quetzalcóatl encargó a Tlahuizcalpantecuhtli deidad de la aurora y regente del Venus de la mañana y Xólotl, divinidad del crepúsculo y regente de Venus nocturno, la labor de cuidar el recorrido de Tonatiuh por la los cielos, dándoles como morada el noveno cielo.

Pero la deidad de la aurora, cediendo a sus celos hacia el dios de sol y su importante lugar en el cielo, decide atacar. Enojado lanzó su dardo atl-atl a Tonatiuh, pero el sol tomó represalias lanzando el dardo de regreso.

El objeto golpeó a Tlahuizcalpantecuhtli justo en la frente, transformándolo instantáneamente en piedra y en el dios conocido como Itztlacoliuhqui, una deidad asociada a la obsidiana, el hielo y el frío y regente del tercer estrato del inframundo.

Tlahuizcalpantecuhtli, sigue siendo para los aztecas, el regente de Venus, la amenazante estrella de la mañana. que aun siendo castigado por su soberbia y atrevimiento no había abandonado la escena permanentemente.

Cada 584 días Tlahuizcalpantecuhtli se levanta del mar oriental para luchar una vez más con Tonatiuh, que es cuando coinciden en el universo el astro rey y el planeta.

Por esta razón, Tonatiuh tiene que fortalecerse mediante el sacrificio de los humanos, para que pueda alimentarse con sus corazones, tal como lo había hecho con los corazones de los dioses.

El imaginario popular solía mencionar que el sol era tragado cada noche por la diosa de la fertilidad de la tierra, Tlaltecuhtli y luego era regurgitado por esta figura monstruosa parecida a un sapo a la mañana siguiente.

Por esta razón entre otras. decían que los sacrificios eran de suma importancia, pues aseguraban su victoria cada noche contra ella y las fuerzas de la oscuridad, regresando exitoso cada mañana.

Tonatiuh en el arte

En el arte, Tonatiuh se representa con mayor frecuencia como un disco solar simbólico tallado en monumentos y esculturas a gran escala.

Un imitador del dios, generalmente llevaba un disco en la espalda durante las ceremonias de sacrificio celebradas en su honor y a veces el dios mismo es retratado en las esculturas como un hombre en cuclillas con un gran disco en la espalda.

Un ejemplo de este último tipo se exhibe actualmente en el Museum fur Volkerkunde en Basilea, Suiza. En el disco se aprecia el símbolo de los terremotos, destacando que los aztecas creían que sería el motivo de la destrucción del quinto cosmos.

Las primeras representaciones de Tonatiuh provienen del arte de la civilización tolteca en la época posclásica de Ixtapantongo y en Chichén Itzá.

Algunas de las imágenes que aparecen en color en los códices posclásicos, muestran a Tonatiuh de color rojo, con un tocado de plumas de águila y un disco solar rayado.

Es muy común que la mayoría de los estudiosos del área asocien la cara central de la famosa Piedra del Sol, conocida como Piedra del Calendario, que se encuentra en la base del Templo Mayor en la capital azteca de Tenochtitlán, como la de Tonatiuh. Sin embargo, para otros es el sol nocturno Yohualtecuhtli o Tlaltecuhtli.

La piedra basáltica, que data de 1427 después de Cristo, mide 3.58 metros de diámetro, tiene 98 centímetros de grosor y pesa 25 toneladas. Tiene en su centro una cara con ojos grandes y bien enmarcados, la boca que no está abierta completamente, deja ver algunos dientes y su lengua cubre la quijada, ademas se aprecian adornos en sus orejas.

No representa un calendario sino un disco solar que refleja los cinco mundos del cosmos azteca y puede haber sido utilizado como un altar sobre el cual sacrificar víctimas. Esta impactante obra de arte, quizás la más importante de la cultura azteca, está en exhibición en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

En el Códice Borgia 

El codex Borgia, conocido también como Códice Borgia o Códice Yoalli Ehécatl, es una recopilación de escritos y gráficos, elaborados por estas culturas posiblemente en las etapas previas a la conquista. Se conservó al cuidado del cardenal Borgia y luego paso a la custodia la Biblioteca Apostólica Vaticana.

Recogen mucha información pero no mencionan personajes, lugares o hechos específicos y tampoco hacen referencia o mención a sus autores.

En la página setenta y uno se representa a Tonatiuh, el dios del Sol, que aprovecha la sangre proveniente de un ave decapitada y que esta flanqueado por trece Pájaros del Día, asociados a los trece días de una trecena.

Tonatiuh y otros soles aztecas 

Quién era en realidad el dios sol azteca no es una pregunta tan simple cuando no eres conocedor de esta rica cultura mesoamericana, porque en sus creencias religiosas, no había solo un dios sol, realmente había muchos dioses del sol a lo largo de muchas edades.

El imperio azteca era en realidad un mosaico de muchas culturas, siendo una combinación de más de una religión, pero todas obviamente  relacionadas.

Por lo que a continuación te presentamos la información, simplificando un poco y haciendo un recorrido rápido por la historia de los dioses aztecas.

En la religión azteca había cinco edades o soles, cada una de estas tenía una deidad del sol azteca diferente y cada edad generalmente terminó en desastre. Tonatiuh representa solo una parte en la historia del imperio azteca.

Tezcatlipoca

Tezcatlipoca que traduce como espejo humeante, fue el primer dios en ser un sol. Es considerado el dios de la noche y rival de Quetzalcóatl.

Se cree que este dios solar está presente en todos los lugares y cosas, se asocia al norte, al frío y la oscuridad. Tezcatlipoca era una figura que dispensaba suerte, fuera mala o buena y era el regente y señor de los guerreros.

Se dice que su enemistad con Quetzalcóatl es eterna y la creación y destrucción de las eras mitológicas se centran en el combate constante entre Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, lo que originaba siempre la destrucción del sol regente.

La figura de Tezcatlipoca se asoció con venganza y mala fortuna para el pueblo tolteca y se fue suprimiendo como figura divina, perdiendo importancia en la vida de la mayoría de las comunidades.

Quetzalcoatl

El reemplazo natural y obvio fue Quetzalcóatl la apreciada serpiente emplumada de las creencias mesoamericanas, quien se convirtió en el segundo sol.

Pero la rivalidad continuó y el jaguar con su pata lo derribó del cielo, entonces el reinado del segundo dios del sol llegó a su fin, levantándose un gran viento y ocurriendo una gran destrucción en la tierra.

Tlaloc

Los dioses luego eligieron a Tlaloc o néctar de la tierra, un dios relacionado a la lluvia, los relámpagos y los sismos, para ser el siguiente sol, conocido como el sol de lluvia.

Pero Quetzalcóatl no estaba contento con la decisión e hizo llover fuego, causando destrucción en la tierra y el final de la tercera era.

Chalchiuhtlicue

El cuarto sol fue la deidad femenina azteca, hermana de Tlaloc, Chalchiuhtlicue conocida como la dama de las faldas de jade, fue elegida por Quetzalcóatl para gobernar el cielo.

Chalchiuhtlicue era la diosa de los cuerpos de agua dulce corrientes, como lagos y arroyos, además es la que rige los nacimientos. Se dice que en su era los cielos eran de agua y los hombres se convirtieron en peces.

Pero una vez más, la lucha de los dioses causó la destrucción del mundo, que nuevamente pereció inmerso bajo las aguas, gracias a las terribles inundaciones.

El sol final, Tonatiuh

Ningún otro dios quería el trabajo de ser el sol, ante los continuos enfrentamientos de Tezcatlipoca y Quetzalcóatl. Entonces se formó un consejo y los dioses decidieron que el último sol tendría que ser alguien que ofreciera su vida, para que el mundo y su gente sobrevivieran.

Fueron seleccionados dos deidades:  Tecciztecatl un dios con fortuna y poder y el segundo fue Nanauatl conocido también como Nanauatzin, que significa el lleno de llagas, un dios de condición muy modesta y enfermiza,

Se encendió una gran hoguera y el que sería el dios del sol tendría que saltar al fuego. El orgulloso Tecciztecatl, deseoso de ganar  la inmortalidad, trató de saltar, pero tenía miedo debido al intenso calor de las llamas.

Después de cuatro intentos, aún no podía saltar. Finalmente, se le pidió a Nanauatl que saltara, y lo hizo. Herido de orgullo, Tecciztecatl saltó tras él.

Entonces si contamos bien, serían seis dioses del sol y una quinta era con dos soles al mismo tiempo, pero los dioses no consentirían esto, por lo que arrojaron un conejo a la cara de Tecciztecatl para atenuar su brillo.

Así Tecciztecatl se convirtió en la luna, condenado a perseguir al sol para siempre, pero nunca a deslumbrar y  brillar tanto como el.

Fue entonces Nanauatl el quinto dios del sol azteca y se le dio el nombre de Tonatuih, considerando que es la cara de este dios la que está en la piedra del calendario azteca.

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